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viernes, 31 de julio de 2015

nunca es tarde







No tienes derecho a mentir.
Escribe cada uno de tus versos
como si fuera una despedida.

Blaga Dimitrova




Ese algo que no puede detenerse con las manos vacías.

Ana Blandiana




NUNCA ES TARDE


Nunca es tarde para empezar de cero,
para quemar los barcos,
para que alguien te diga:
-Yo sólo puedo estar contigo o contra mí.

Nunca es tarde para cortar la cuerda,
para volver a echar las campanas al vuelo,
para beber de ese agua que no ibas a beber.

Nunca es tarde para romper con todo,
para dejar de ser un hombre que no pueda
permitirse un pasado.

Y además
es tan fácil:
llega María, acaba el invierno, sale el sol,
la nieve llora lágrimas de gigante vencido
y de pronto la puerta no es un error del muro
y la calma no es cal viva en el alma
y mis llaves no abren y cierran una prisión.

Es así, tan sencillo de explicar: -Ya no es tarde,
y si antes escribía para poder vivir,
ahora
           quiero vivir
                     para contarlo.

Benjamín Prado en "Ya no es tarde"




miércoles, 29 de julio de 2015

corazón perdido







UNA CARTA MUY BREVE EN EL CORAZÓN PERDIDO


Tu dolor. Tu tristeza que me llega,
como una herida abierta.
- tu corazón doliente -
que me cuentas
en cuatro líneas apenas, muy lejanas.

Quisiera acariciarte muy despacio,
en esa soledad
que siento como mía,
que me besa en el alma y se deshace.
Y no sé qué serás, dónde tú ahora
escondes ese miedo,
dónde andarán tus días y tu sombra.

Esa sombra,
esa palabra tuya, la que entonces
recorría mi boca y removía
el temor al fantasma del olvido.
Me llega como llegan los otoños,
con la misma nostalgia de los lunes,
igual que los mensajes en la arena.

Ahora que ya no estás,
que nada eres,
se me clava tu miedo y adivino
tus noches en la cama de los otros.

Por eso, corazón tan deseado,
escribo a tu tristeza,
y sólo tengo
estos versos, la palabra
que quiere acariciar
el alma que aún deseo
y que me duele.

Rodolfo Serrano en "Los cuerpos lejanos"




martes, 21 de julio de 2015

LLUVIA






Llueve y tú dices es como si las nubes
lloraran. Luego te cubres la boca y apresuras 
el paso. ¿Como si estas nubes escuálidas lloraran?
Imposible. Pero entonces, ¿de dónde esa rabia,
esa desesperación que nos ha de llevar a todos al diablo?
La Naturaleza oculta algunos de sus procedimientos
en el Misterio, su hermanastro. Así esta tarde
que consideras similar a una tarde del fin del mundo
más pronto que tarde te parecerá tan sólo
una tarde melancólica, una tarde de soledad perdida
en la memoria: el espejo de la Naturaleza. O bien
la olvidarás. Ni la lluvia. ni el llanto, ni tus pasos
que resuenan en el camino del acantilado importan.
Ahora puedes llorar y dejar que tu imagen se diluya
en los parabrisas de los coches estacionados a lo largo
del Paseo Marítimo. Pero no puedes perderte.

Roberto Bolaño en "Los perros románticos"




lunes, 13 de julio de 2015

azul soledad







EN TU PUERTO

Caminar, sin conciencia de vida, sin concepto de muerte,
entre la nieve que ha ido formando tu cuerpo
en días de entrega, de negación del miedo.
En el único movimiento que la luz
permite cuando te ofreces entera,
tierna, blancamente tendida
ante mi quilla y mi rumbo, por encima de mapas, corrientes,
brújulas y cordajes, anclas de prudencia,
que nada importan al giro imprevisto de la rosa de los vientos.

Navegar en ti, caminar en ti,
soñando que, por fin, tras la última roca,
no será preciso ocultar cicatrices de viejas heridas.
Y los ojos se cerrarán para siempre
hundidos en tus manos, durmientes en la humedad
que invita cada noche, al paso de tu piel,
a detener con tu temblor obscuro
el agua coagulada, estéril, que vuelve gelatina el croar de las charcas,
el filo del reloj invisible que niega, con sus agujas de acero,
                                                nuestro vertical deseo de lo eterno.

Caminar en ti, navegar en ti,
acariciar, sin tener que comprar derechos de travesía,
la vela roja que despliegas antes del combate.
Acariciar, sin deshonor, sin falsas proclamas,
las señales, el fuego hinchado,
de los dos pequeños círculos que aún hay en tu pecho.
Entrar en la colmena, en el ascua abierta,
donde todo temor reposa, yace y se enfría,
triunfo carmín de las zarzamoras sobre el yerto color de las algas.

Navegar, sin conciencia de vida, sin conciencia de muerte,
aliado al águila de acantilado,
desafío centinela en la tormenta,
que sueña, sobre el vértigo azul soledad,
con oleajes de helechos rompiendo contra el umbral caliente de tu casa.
Recoger para ti arándanos y acebos, reírnos de zahoríes innecesarios,
saludar a los hurones y a las martas, tensar los músculos,
convertir a la tierra en un altar, en un yunque,
donde la nieve, lejos de estibadores, bajamares y bajíos,
                          ha formado la luz, salvadora, de tu cuerpo.


Juan Manuel González en "Tras la luz del poniente"




jueves, 2 de julio de 2015

personas bellas


Hopper



"Las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, el sufrimiento, la lucha, la pérdida y han encontrado su forma de salir de las profundidades. Estas personas tienen una apreciación, una sensibilidad y una comprensión de la vida que los llena de humildad y de una profunda inquietud amorosa. La gente bella no surge de la nada".

Elizabeth Kübler-Ross, psiquiata y escritora suizo-estadounidense. 






jueves, 25 de junio de 2015

hermosura



Ninfa d'acqua (Otto Theodore Gustav Lingner)



¿Cómo decíroslo?  En flor os quiero, jóvenes, audaces,
ahora que se alisa, como el remanso de un lago,
mi corazón sin sombras, límpido y cristalino,
para encerrar allí el reflejo de vuestro rostro.


Grata alegría, que vayáis inclinando las cabezas
hacia mi corazón, de repente, mientras os baña
con las encantadas, con todas las cautivadoras hermosuras
la luz secreta y sosegada de mis sueños.


María Polydouri en "Los trinos que se extinguen"








sábado, 20 de junio de 2015

imperceptiblemente amado






Yo estaré en tu pensamiento, no seré más que una sombra imprecisa;
habré existido en un instante en que la alegría y la piedad ardían en tus ojos.
Pero también quiero permanecer desconocido en ti.
Desconocido. Simplemente envuelto en tu felicidad.
Tú distraída en tu luz y yo apenas viviente en ella, y así, imperceptiblemente amado, esperar la desaparición.
Aunque quizá estamos ya separados por un hilo de sombra y cada uno está en su propia luz
y la mía es la que tú vas abandonando.

Antonio Gamoneda






jueves, 11 de junio de 2015

solo





Aunque no nos muriéramos al morirnos,
le va bien a ese trance la palabra: Muerte.

Muerte es que no nos miren los que amamos,
muerte es quedarse solo, mudo y quieto
y no poder gritar que sigues vivo.

Gloria Fuertes