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viernes, 1 de mayo de 2015

Isla Ignorada






Soy como esa isla que ignorada,
late acunada por árboles jugosos,
en el centro de un mar
que no me entiende,
rodeada de nada,
—sola sólo—.
Hay aves en mi isla relucientes,
y pintadas por ángeles pintores,
hay fieras que me miran dulcemente,
y venenosas flores.
Hay arroyos poetas
y voces interiores
de volcanes dormidos.
Quizá haya algún tesoro
muy dentro de mi entraña.
¡Quién sabe si yo tengo
diamante en mi montaña,
o tan sólo un pequeño
pedazo de carbón!
Los árboles del bosque de mi isla,
sois vosotros mis versos.
¡Qué bien sonáis a veces
si el gran músico viento
os toca cuando viene el mar que me rodea!
A esta isla que soy, si alguien llega,
que se encuentre con algo es mi deseo;
—manantiales de versos encendidos
y cascadas de paz es lo que tengo—.
Un nombre que me sube por el alma
y no quiere que llore mis secretos;
y soy tierra feliz —que tengo el arte
de ser dichosa y pobre al mismo tiempo—.
Para mí es un placer ser ignorada,
isla ignorada del océano eterno.
En el centro del mundo sin un libro
sé todo, porque vino un mensajero
y me dejó una cruz para la vida
—para la muerte me dejó un misterio.

Gloria Fuertes





miércoles, 15 de abril de 2015

nunca es tarde


Abril
15


Las pinturas negras


En 1828, Francisco de Goya murió en el destierro.
Acosado por la Inquisición, se había marchado a Francia.
En su agonía, Goya evocó, entre algunas palabras incomprensibles, su querida casa de las afueras de Madrid, a orillas del río Manzanares.  Allí había quedado lo mejor de él, lo más suyo, pintado en las paredes.
Después de su muerte, esa casa fue vendida y revendida, con pinturas y todo, hasta que por fin las obras, desprendidas de los muros, pasaron al lienzo. En vano fueron ofrecidas en la Exposición Internacional de París. Nadie se interesó en ver, y mucho menos en comprar, esas feroces profecías del siglo siguiente , donde el dolor mataba al color y sin pudor el horror se mostraba en carne viva. Tampoco el Museo del Prado quiso comprarlas, hasta que a principios de 1882, entraron allí por donación.
Las llamadas pinturas negras ocupan, ahora, una de las salas más visitadas del museo.

-Las pinto para mí- había dicho Goya.
Él no sabía que las pintaba para nosotros.

Eduardo Galeano, en “Los hijos de los días”, 2011









domingo, 29 de marzo de 2015

Terror Mundano





Estaba junto a la puerta de una ciudad rica.
Tenía todo lo que los dioses exigían;
estaba preparada; el esfuerzo
para prepararme había sido largo.
Y el momento era el momento adecuado,
el momento asignado para mí.

¿Por qué tenías miedo?

El momento era el momento adecuado;
la respuesta debía estar lista.
En mis labios,
temblaban unas palabras que eran
las palabras adecuadas. Temblaban,

y yo sabía que si no lograba contestar
con suficiente rapidez, sería rechazada.

Louise Glück en "Vita Nova"




domingo, 15 de marzo de 2015

Piezas para piano





4

En esta canción hay una danza.
Bailan los rosales con la brisa,
hay murmullo de ramaje,
hay danza de viento amarillo en los campos de girasoles.
Entre la noche,
la precisión de un baile que armoniza todas las cosas del mundo.


5

La noche es de melaza.
El azafrán de la luna insinúa la quietud de los caballos.
En la tarde explotó el aire
y ahora el paisaje existe solamente porque existe el piano.


6

La luna cabe entera
en el lugar de los pulmones.


7

Una infinita ternura
que nunca podrá ser palabra.


Darío Jaramillo Agudelo en "Cuadernos de música",




jueves, 5 de marzo de 2015

SUITE #1






IV

Atravieso el umbral
y adivino que hay otro tiempo
donde están presentes la rosa de un ayer lejano
y un aliento cálido y frutal que canceló la infancia.
Aquí están vivos, conmigo transcurriendo.
Como este sonido de las revelaciones.

Darío Jaramillo Agudelo en "Cuadernos de música", (Piezas para violonchelo)




jueves, 19 de febrero de 2015

SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR



Miguel Munárriz nos recuerda hoy estos versos de Cernuda que nunca puedo leer sin escalofrío.
Así que no he podido resistirme a ponerlos aquí una vez más.


Auguste Rodin. Eternal Idol



Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera.
Y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

Luis Cernuda




lunes, 9 de febrero de 2015

tal vez esperanza






Allá donde el gris y el verde
se atraen
y donde se detestan
con ferocidad

Donde el punto se convierte
en formas indescifrables
y la tercera dimensión
semilla de mi llamado
es donde nace la rabia, el llanto
el frío la soledad y la impotencia

Y quizás alguna vez
un alevoso rayo de esperanza.

Monalisa




miércoles, 28 de enero de 2015

El vestido






Se me secó el alma.
Como un alma arrojada al fuego,
pero no del todo,
no hasta la aniquilación. Sedienta,
siguió adelante. Crispada,
no por la soledad sino por la desconfianza,
el resultado de la violencia.

El espíritu, invitado a abandonar el cuerpo,
a quedar expuesto un momento,
temblando, como antes
de tu entrega a lo divino;
el espíritu fue seducido, debido a su soledad,
por la promesa de la gracia.
¿Cómo vas a volver a confiar
en el amor de otro ser?
Mi alma se marchitó y se encogió.
El cuerpo se convirtió en un vertido demasiado
grande
            para ella.

Y cuando recuperé la esperanza,
era una esperanza completamente distinta.

Louise Gluck en "Vita Nova"




viernes, 23 de enero de 2015

Neruda, Pablo






Neruda nunca se ha ido de mi vida. Lo descubrí muy pronto, aparece siempre cuando menos lo espero y es una sorpresa siempre entrañable, maravillosa. Conservo de él algunos de los recuerdos más preciados de mi vida. Los guardo con mucho cuidado en donde sé que nunca se perderán y los miro, leo, escucho de vez en cuando.
He leído varias veces en estos días la noticia de la publicación de sus poemas inéditos con el precioso y sugerente título de “Tus pies toco en la sombra”, una flor fresca entre tanta náusea que nos traen las noticias de estos días. Y a la espera de que pueda ir a comprar el libro, o que algún alma generosa me lo pueda comprar, releo (como tantas veces en mi vida) poemas de sus libros que andan por aquí, por esta casa desordenada en mi orden y en mis posibilidades.

Nosotros preferimos llamarle Pablo, tan cercano siempre él.


II

Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso,
qué soledad errante hasta tu compañía!
Siguen los trenes solos rodando con la lluvia.
En Taltal no amanece aún la primavera.

Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos,
juntos desde la ropa a las raíces,
juntos de otoño, de agua, de caderas,
hasta ser sólo tú, sólo yo juntos.

Pensar que costó tantas piedras que lleva el río,
la desembocadura del agua de Boroa,
pensar que separados por trenes y naciones

tú y yo teníamos que simplemente amarnos,
con todos confundidos, con hombres y mujeres,
con la tierra que implanta y educa los claveles.

“Cien sonetos de amor” de Pablo Neruda




(...)

Y aquella vez vez fue como nunca y siempre:
vamos allí donde no espera nada
y hallamos todo lo que está esperando.










jueves, 15 de enero de 2015

No les creas




No les creas cuando te muestren
la foto de mi cuerpo,
no les creas.
No les creas cuando te digan
que la luna es la luna,
si te dicen que la luna es la luna,
que ésta es mi voz en una grabadora,
que ésta es mi firma en un papel,
si dicen que un árbol es un árbol,
no les creas,
no les creas
nada de lo que te digan,
nada de lo que te juren,
nada de lo que te muestren,
no les creas.

John Berger