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sábado, 29 de noviembre de 2014

CUATRO






Yo te estaré esperando al borde del silencio.
Mis manos, sin espinas, tendrán olor de alba
tendiéndose al ocaso con nostalgia punzante.
Y tú vendrás con la luz en la espalda.
Y amanecerá en modo inverso,
y las rosas del viento caerán desorientadas
en un escorzo tímido de guía equivocado.

Y todo mi silencio florecerá de extrañas
palabras olvidadas
quedándose mi yo de ahora arrodillado
frente a mi yo de entonces, trascendente
de amanecer y estrella.

Y toda la distancia en la mano de un niño
será un pájaro tibio que se duerme.

Y este tu yo de ahora dirá adiós con la mano
a ese tu yo de entonces, completo como un mundo.

Julia Uceda en "En el viento, hacia el mar"




miércoles, 26 de noviembre de 2014

La pérdida de la ignorancia



"Marte" de Velázquez


No escribas tus memorias.
Lanzarán a tus pies aquel que fuiste,
como un cadáver enemigo.
Cuando el pasado empieza a ser mentira
queda muy poco ya para llevarse:
una inútil e indigna convicción,
una errónea crueldad. Apenas nada
de lo que tengas que volver a hablar.
La alegría de un viejo es el silencio.

Joan Margarit en "Misteriosamente feliz"




lunes, 17 de noviembre de 2014

HOTEL


Edvard Hopper

                                                                                                 Azar o necesidad,
                                                                                                 tal vez ambas cosas


Hoy en el ventanal de un hall sin nadie
la pena de los árboles al llegar el crepúsculo
y un cansancio de coches y de gente.
Pienso que tú no estás, que esto es Lisboa;
con poca cosa más ya hubiese escrito
un poema de amor cuando era joven.
Pero el viento, las luces encendiéndose,
el tráfico, la gente aprisa, a ciegas,
como sabiendo adónde van, me evoca
lo difícil que ha sido vivir juntos.
Cada uno de los dos carga esta pena
del otro, sin saber qué hacer con ella.
Quizá el amor es esto. Y añorarte
en el cristal -que se hace cada vez más oscuro-
de un hotel donde ignoro a qué he venido
quizá tan sólo a estar lejos de ti.

Joan Margarit en "Misteriosamente feliz"





Confesiones de una intransigente XI






Nunca calculo los riesgos
cuando me sumerjo en los días,
los sucesos, las pasiones,
lo previsto y lo imprevisto,
en los enamoramientos
-esa palabra que dicen que no existe-
ni mucho menos en el amor
-que sí existe-
No,
no calculo los riesgos: ni los míos
ni los ajenos.

Las historias vienen hacia mí y me arrastran
y me arrasan.
No sé resistirme
ni poner cortinas
ni sumar distancias
ni hacer guiños ni regates
a lo que me llama con tan firme determinación
ni sé mirar para otro lado
porque sólo veo ante mí los siete mares
océanos de emociones
posibilidades de dar
manos llenas de entusiasmos
corazón mirando al sol.
Y me sumerjo sin remedio.

Mucho más tarde veo los riesgos
cuando ya son realidades,
cuando ya me han golpeado y herido,
cuando ya otros se han rendido
y entonces ya nada importa.
La herida me ha marcado
como un beso en el aire
que casi nadie ve.

A pesar de todos los pesares,
los riesgos aún no entran
en la tabla de probabilidades
de mis cálculos.

Hay tanta gente que no lo entiende,,,
pero, por favor,
no intenten cambiarme.


Monalisa