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martes, 29 de enero de 2013

un Vermeer apócrifo






SARABEL EN LA BIBLIOTECA
(UN VERMEER APÓCRIFO)

Quisiera saber qué piensas
cuando miras, sin mirar, el mundo.
Qué pasa por tu imaginación
cuando una partícula de polvo que flota en el aire
como un somnoliento copo de nieve
dibuja el recorrido de un pensamiento
vagabundo por tu mente.
Saber qué caminos al sol de abril recuerdas,
qué árboles en flor, qué trenes hacia dónde,
qué ventanas que jamás se cerraron.
He reconocido tu perfil,
tu rostro escondido entre los cabellos,
los ojos que sólo brillan
si un recuerdo los cruza de súbito,
tu mirada perdida en unos libros
que no lees, la tristeza en tus ojos
que no ven lo que anhelan,
pero más allá, mucho más allá de donde están;
los he visto: sentada en la biblioteca,
mirando al vacío –un vacío lleno
de imágenes soñadas-
eres como una imagen de Vermeer.
No una de aquellas que inventó Hans Anthonius van Meegeren,
que engañaron a los críticos y a la policía. Tampoco
un auténtico Vermeer, es cierto: la biblioteca
está en Roma, no en Delft;
tras la ventana no está la plaza del Mercado,
sino el bullicio pueblerino del Trastevere; sobre la mesa
no hay platos ni frutas derramadas, sino libros que hablan
de cosas que no importan, o que no importan tanto
como las que siempre buscamos
y no están en parte alguna.
Cuando apoyas la mano en la cabeza,
¿para qué pensamientos buscas reposo,
para qué recuerdo, para qué esperanza?
Tampoco lees ninguna carta,
a no ser que descifres –y no es difícil-
la clara carta de amor que te envía mi mirada.
Y no incide sobre ti
la luz que entra por la ventana:
porque eres tú
quien da luz al mundo, y sentido, y vida.

Martín López-Vega en “Elegías romanas”



domingo, 27 de enero de 2013

llegar a casa




Mirar tus ojos es como
                                 empaparme de lluvia en primavera
Verte sonreír es como
                                abrir la ventana y respirar aire fresco
Escuchar tu voz
                       el alimento imprescindible.

Soñarte es limpiar todos los rincones
de mi casa y de mi alma.

Eres el lugar que habito y al que nunca llego
porque nunca se llega a casa,
y menos 
para quedarse.

Monalisa




viernes, 25 de enero de 2013

Cementerio de elefantes


Violeta Parra

Perdiste el elefantito de oro que te regaló tu madre en septiembre del 56
y el de lapislázuli que te regalé yo al cumplir los diecinueve.
Perder un elefante establece algún tipo de vínculo con la superstición,
Violeta Parra había extraviado el suyo entre el serrín de la carpa 
la tarde del escopetazo, años después lo encontró su hermano, Nicanor,
pisoteándole el jardín a un poeta al que le habían dado el Nobel.
Tarde o temprano, la felicidad termina siempre por no encontrar a su dueño.

Juan Carlos Mestre en "La bicicleta del panadero"



miércoles, 23 de enero de 2013

dos poemas de Paco Moral





SUAVE VIENE LA NOCHE

Suavemente la noche se te acerca,
como el pulso del mundo
se parece a tus labios.
Suave viene la noche,
como si una cascada de panteras
te subiera despacio
                            por la vida.
No hay dolor.
                    No queda ya dolor.
Ni sensaciones turbias
ni edificios en ruina.
La noche viene dulce
como una vieja amante que volviera,
y ya no sientes nada,
                             ni siquiera la angustia
de mirarte al espejo
y hacer muecas horribles para ponerte fea
como cuando eras niña
                                  de los cuentos.
Viene la noche tibia
y en tu piel hay heridas de noviembre,
reflejos de jarrones de Pompeya,
vestales de otro tiempo,
anillos de amatista
                          o lapislázuli
y un ardor de Vesubio en tus pezones
devorados a fuerza de derrotas.
Suave viene la noche
                             para ti,
mujer de piedra,
                       reina de mi sueño,
ahora que empieza a despuntar el día.

Paco Moral en "Suave es la noche"






1

Es mentira que el tiempo
ponga a nadie en su sitio. Como mucho
otorga espacio y alma a quien no los merece.
Es implacable, es cierto,
pero yerra el disparo en cada ejecución.
Le tiembla el pulso.


2

La soledad no es buena,
lo diga el sumsum corda o el diablo,
la soledad tan solo acompaña en la sombra
cuando te estás muriendo.
Eso sí, no te reprocha nada
porque es muda.


3

Casi nunca el amor es de ida y vuelta.
Muy a menudo, a lo que se aproxima
en su avaricia es al dolor recíproco.
Y a compartir migajas que son de otros.
Pero sin duda ayuda a transitar naufragios;
como Dios, aunque aprieta nunca ahoga.
O eso dicen.

Paco Moral en su blog "El rincón de las utopías"




jueves, 17 de enero de 2013

esperanza


Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.

Wislawa  Szyborska 




EL PELIGRO DE LA ESPERANZA

Es justo allí
a mitad de camino entre
el huerto desnudo
y el huerto verde,
cuando las ramas están a punto
de estallar en flor,
en rosa y blanco,
que tememos lo peor.

Pues no hay región
que a cualquier precio
no elija ese tiempo
para una noche de escarcha.

Robert Frost (versión de Carlos López Narvaez)





Fotos: Ildiko Neer




martes, 15 de enero de 2013

inventario


De Alexei Menchinov

Ya tengo el inventario de batallas
ganadas y perdidas:
las ganadas,
guardadas bajo llave y en baúles
de cinc, no vaya a ser
que entre sueños las nombre sin querer
y acaso me despierte
el hedor que despiden sus cadáveres;
las perdidas,
de tanto acostumbrarme a su presencia,
las llevo en el bolsillo y me recuerdan
que existo, que estoy vivo,
alguna vez, incluso,
se me cae una lágrima y al cabo
de un tic tac de silencios
aparece,
solitaria, una flor.

Vicente Martín  en "He aquí que aún me queda el dolor"




sábado, 12 de enero de 2013

Poemas de Bertolt Brecht


De Luis González Palma

Quiero ir con aquél a quien amo.
No quiero calcular lo que cuesta.
No quiero averiguar si es bueno.
No quiero saber si me ama.
Quiero ir con aquél a quien amo.

 (Versión de Jesús Muñárriz y Jenaro Talens)


¿Escríbeme qué llevas puesto! ¿Es cálido?
¡Escríbeme en qué duermes! ¿Es también blando?
¡Escríbeme qué aspecto tienes! ¿Sigue siendo el mismo?
¡Escríbeme qué echas de menos! ¿Mi abrazo?
¡Escríbeme cómo te va! ¿Te respetan?
¡Escríbeme qué andas haciendo! ¿Tienes bastante valor?
¡Escríbeme qué haces tú! ¿Sigue siendo bueno?
¡Escríbeme en qué piensas! ¿En mí?
¡La verdad es que sólo tengo preguntas para ti!
¡Y espero con ansiedad la respuesta!
Cuando tú estás cansada, nada puedo llevarte.
Si pasas hambre, no puedo darte de comer.
Así que estoy como fuera del mundo,
perdido, como si te hubiese olvidado.




Leído en "A media voz"




viernes, 11 de enero de 2013






Los frutos tardíos, suspendidos en las ramas,
          tienen el sabor
          amargo de las almendras

Y el dulce tacto de las flores de invierno
          con olor a sol futuro.


Monalisa



domingo, 6 de enero de 2013

Las ciudades invisibles


Compré este libro de Italo Calvino hace un tiempo. Leí unos pocos relatos salteados y me inundó, pero no era el momento de leerlo. Los libros, como todo, han de tener su tiempo. Supongo que el momento era este, ahora.







Las ciudades y los intercambios. 2

En Cloe, gran ciudad, las personas que pasan por las calles no se conocen. Al verse imaginan mil cosas las unas de las otras, los encuentros que podrían ocurrir entre ellas, las conversaciones, las sorpresas, las caricias, los mordiscos. Pero nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, buscan otras miradas, no se detienen.
Pasa una muchacha que hace girar la sombrilla apoyada en su hombro, y también un poco de redondez de las caderas. Pasa una mujer vestida de negro que representa todos los años que tiene, los ojos inquietos bajo el velo y los labios trémulos. Pasa un gigante tatuado; un hombre joven con el pelo blanco; una enana; dos mellizas vestidas de coral. Algo corre entre ellos, un intercambio de miradas como líneas que unen una mirada con otra y dibujan flechas, estrellas, triángulos, hasta que en un instante todas las combinaciones se agotan y otros personajes entran en escena: un ciego con un guepardo sujeto por una cadena, una cortesana con abanico de plumas de avestruz, un efebo, una mujer descomunal. Así entre quienes por casualidad se juntan bajo un soportal para guarecerse de la lluvia, o se apiñan debajo del toldo del bazar, o se detienen a escuchar la banda en la plaza, se consuman encuentros, seducciones, copulaciones, orgías, sin cambiar una palabra, sin rozarse con un dedo, casi sin alzar los ojos.
Una vibración lujuriosa mueve continuamente a Cloe, la más casta de las ciudades. Si hombres y mujeres empezaran a vivir sus efímeros sueños, cada fantasma se convertiría en una persona con quien comenzar una historia de persecuciones, de simulaciones, de malentendidos, de choques, de opresiones, y el carrusel de las fantasías se detendría.


Las ciudades y los ojos. 3

Después de andar siete días a través de boscajes, el que va a Baucis no consigue verla y ha llegado. Los finos zancos que se alzan del suelo a gran distancia uno de otro y se pierden entre las nubes, sostienen la ciudad. Se sube por escalerillas. Los habitantes rara vez se muestran en tierra: tienen arriba todo lo necesario y prefieren no bajar. Nada de la ciudad toca el suelo salvo las largas patas de flamenco en que se apoya, y en los días luminosos, una sombra calada y angulosa que se dibuja en el follaje.
Tres hipótesis circulan sobre los habitantes de Baucis: que odian la tierra; que la respetan al punto de evitar todo contacto; que la aman tal como era antes de ellos, y con catalejos y telescopios apuntando hacia abajo no se cansan de pasarle revista, hoja por hoja, piedra por piedra, hormiga por hormiga, contemplando fascinados su propia ausencia.




Las ciudades Invisibles, de Italo Calvino, es un libro altamente recomendable (yo diría que de los imprescindible). Inteligente y lírico. Para pensar, soñar y sentir. Para disfrutar y absorber el impacto (como un nuevo lenguaje inventado). Para no olvidarlo nunca.

El libro termina así:

“-El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio.”


Dedicatoria: Para ti, el arriesgado, que no eres un trozo de infierno dentro de él y sabes, por tanto, hacer un espacio a todos los que no lo son.



sábado, 5 de enero de 2013





Mi hijo me regaló el otro día estos versos, recitados de memoria:


MI ALMA

Murmuran que hablo muy poco
alma los que nada saben
de nuestros largos coloquios.

Miguel Hernández



jueves, 3 de enero de 2013




Hay un pájaro azul en mi corazón que quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro,
no voy a permitir que nadie te vea.

Charles Bukowski