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miércoles, 29 de enero de 2020

Días tristes






En los días tristes no se habla de aves.
Uno llama a los amigos que no están
y luego pide fuego en la calle
como quien pide un corazón aún intacto.

En los días tristes es invierno
caminamos helados con el cigarrillo en la mano
quemamos el viento y decimos -¡Buenos días!
a las personas que pasan
pero cuando ya han pasado
sin que lo notáramos.

En los días tristes  uno habla solo
y un ave siempre se posa sobre las cosas
en lugar de posarse en nuestro corazón
y sin hablar con nosotros.

Filipa Leal
(Poeta portuguesa)




jueves, 12 de diciembre de 2019

Presencia












 Deja tu presencia
 una leve huella. Se queda
 como pasando, como sin estar,
 como si siguiera estando sin estar,
 como si no dejara de oprimir
 la mano, como si la mirada
 siguiera mirando 

 José Antonio Muñoz Rojas




martes, 3 de septiembre de 2019

Imaginería





Charlando en un café,
ajenos al murmullo de otras mesas,
al trajín de las tazas, a la entrada de tipos
que dejan los abrigos junto a ellos.
Con los ojos clavados uno en otro,
una chispa airosa en la sonrisa,
un resplandor muy dulce,
en las nubes de una combustión:
ningún amor se entiende desde fuera,
ninguno.

Luis Muñoz en "Limpiar pescado". Visor de Poesía.



martes, 20 de noviembre de 2018

CANCIÓN BREVE A LA DESESPERANZA







Y cuando se extiende y aprieta, cuando llega a su extremo
me sacude.
Cultiva la palma en la tierra,
desbroza el huerto en mi alma,
encamina las nubes hacia ella,
y así empieza, en ella, a llover, y aparecen
verdes hojas de árboles,
y sé que la vida sigue siendo amiga,
y sé que, aunque pierda mi rumbo,
la luna sabrá encontrarme otra vez.

Fadwa Tuqán en "Diván de poetisas árabes contemporáneas". Ediciones del oriente medio y del Mediterráneo"





jueves, 4 de octubre de 2018

Amor








La quiero porque tiene una orquídea
en los ojos tristes
porque se levanta ausente de mí
y me recuerda

Rogelio Guedea




domingo, 5 de agosto de 2018

Cumpliendo años






Señalé el día en el calendario
sólo por resaltar en rojo
las fechas que nos unen.
Aunque lo que nos une
es una línea fina que se alarga
hacia el pasado y el futuro
con principio y sin fin
que vislumbremos.
Y el calendario va colgando sus días
como las cuentas de un collar en el hilo del tiempo.
El tiempo somos tú y yo que caminamos juntos
por esa línea frágil de la vida.
En el amor el tiempo se escribe en compañía,
y el collar va creciendo cada noche
como la hiedra enreda la pared de una casa.

Señalé el día en el calendario,
aunque sabemos
que la felicidad a lo largo
no necesita fechas.
Lo que importa es la viva sensación
de compartir,
ese fuego llenando el corazón.

No, no hace falta resaltar las fechas
cuando dos viven juntos
el vuelo cotidiano del amor.
Pero brindemos, sin embargo,
cada año por el día del comienzo,
la noche que aún deslumbra.


Ángeles Mora en "Ficciones para una autobiografía" de Bartleby Editores.




domingo, 8 de julio de 2018

nadadores celestes


   


Los cielos son iguales.
Azules, grises, negros,
se repiten encima
del naranjo o la piedra:
nos acerca mirarlos.
Las estrellas suprimen,
de lejanas que son,
las distancias del mundo.
Si queremos juntarnos,
nunca mires delante:
todo lleno de abismos,
de fechas y de leguas.
Déjate bien flotar
sobre el mar o la hierba,
inmóvil, cara al cielo.
Te sentirás hundir
despacio, hacia lo alto,
en la vida del aire.
Y nos encontraremos
sobre las diferencias
invencibles, arenas,
rocas, años, ya solos,
nadadores celestes,
náufragos de los cielos.


Pedro Salinas





viernes, 29 de junio de 2018

Nunca, hasta ahora





Después, alguien nos dijo que había que olvidar, que el futuro consistía en olvidar todo lo que había ocurrido. Que para construir la democracia era imprescindible mirar hacia delante, hacer como que aquí nunca había pasado nada. Y al olvidar lo malo, los españoles olvidamos también lo bueno. No parecía importante porque, de repente, éramos guapos, éramos modernos, estábamos de moda... ¿Para qué recordar la guerra, el hambre, centenares de miles de muertos, tanta miseria?
     Así, renegando de las mujeres sin abrigo, de las maletas de cartón y de los besos en el pan, los vecinos de este barrio, que es distinto pero semejante a otros barrios de cualquier ciudad de España, perdieron los vínculos con su propia tradición, las referencias que ahora podrían ayudarles a superar la nueva pobreza que los ha asaltado por sorpresa, desde el corazón de esa Europa que les iba a hacer tan ricos y les ha arrebatado un tesoro que no puede comprarse con dinero.
     Así, los vecinos de este barrio, más que arruinados, se encuentran perdidos, abismados en una confusión paralizante e inerme, desorientados como un niño mimado al que le han quitado sus juguetes y no sabe protestar, reclamar lo que era suyo, denunciar el robo, detener a los ladrones.
     Si nuestros abuelos nos vieran, se morirían primero de risa, después de pena. Porque para ellos no sería una crisis, sino un leve contratiempo. Pero los españoles, que durante muchos siglos supimos ser pobres con dignidad, nunca habíamos sabido ser dóciles.
     Nunca, hasta ahora.

Almudena Grandes en "Los besos en el pan"



Habla Almudena Grandes de aquella antigua costumbre, que yo aprendí de mi abuela, de besar el pan después de que hubiera caído al suelo y volver a dejarlo en la mesa, en la panera o en la bolsa del pan. Esas bolsas de tela que mi abuela cosía con retales de cualquier tela que se prestara para ello.

Hacía muchos años que no leía nada de Almudena Grandes. Hubo un tiempo en que leí todo lo que publicaba. Ahora, razones ajenas a mi voluntad me han hecho retomarla en este libro. Bienvenido sea.
Y qué preciosidad la fotografía de la portada!






viernes, 15 de junio de 2018

una lluvia muy fina







Y al respetar la densidad de los sueños, coto hermosamente vedado,
ser uno de los sueños más sabios y sagrados, ser la realidad
de días plenos con su sol y su lluvia y la luna de la cosecha.
y que nada ni nadie destroce la esencia de nuestro sentir primero.
Y cuando hayamos olvidado cuánto nos costó encontrarnos y reconocernos,
los inmensos laberintos que nos precedieron hasta que salimos a la luz de la espiral
con una rosa chamuscada entre las manos como única prueba
de nuestro peregrinaje a través de los subterráneos y sus acechanzas,
entonces, digo, cuando hayamos olvidado que alguna vez
temblamos y cambiamos nuestras almas y cambiamos nuestros cuerpos;
entonces que una lluvia muy fina nos limpie por dentro despacito
y nos otorgue la sabiduría de poder amarnos de otro modo,
como en un arrebato de nostalgia de otros mundos y sueños,
como si recomenzara una danza antiquísima que brotó en el inicio.


Neus Aguado. De "Aldebarán". En "Por vivir aquí", Antología de poetas catalanes
                 en castellano (1980-2003). Edición de Manuel Rico. Bartleby Editores.





lunes, 23 de abril de 2018

Mientras pueda, leer





LO IMPOSIBLE

De todas las formas de pedirte que te quedes,
a saber,
con los ojos abiertos, con un ramo
fresco en la mañana, con una frase a destiempo
que te convenza de que puedes sentarte al borde
de mis heridas sin miedo a hacerme daño;
es decir,
con la rodilla sobre el césped, la súplica en el dedo,
con la noche que se termina si no respondes a
mi urgencia, con esa valentía mía que promete
hacerte reina del castillo sólo si te quedas,
sólo si te pido que te quedes,
con esta soledad que se llena de tu nombre y me dibuja
cien pájaros en la espalda del color de tus ojos hierba,
de todas esas formas, amor mío,
de pedirte que te quedes conmigo
escojo el silencio
que es el único que sabe cómo pedirte
lo imposible.


Elvira Sastre en "La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida". Visor de Poesía