"Era una
larga historia y, como ocurre con casi todas las historias del mundo,
inacabada. Sí, tuvo un final (siempre lo hay), pero la historia fue más allá de
su propio final (siempre es así).
(…)
En la
punta noroeste del territorio escocés hay un lugar desierto y agreste que en
gaélico se conoce como Am Parbh, el Viraje Decisivo. No queda claro hacia dónde
o de qué pretende apartarse, o quizá indique muchas cosas a la vez, incluido el
destino de un hombre.
El
Pentland Firth confluye con el Minch, y al oeste se divisa la isla de Lewis,
las Orcadas al este, pero al norte solo está el océano Atlántico. Digo “solo”,
pero ¿qué significa eso? Muchas cosas, incluido el destino de un hombre.
(…)
Ahí está.
Tiene una altura de ciento ochenta y cuatro metros. Agreste, magnífico,
imposible. Refugio de gaviotas y sueños."
No abundan tales personas
con las que se podría tener ese
contacto directo
donde sólo una mirada
es un cable de acero puesto a temblar
Quizás no hubo ninguno de ésos
en tu clase de la escuela elemental
nadie que estuviera parado
observando a la gente un viernes a la noche
en el Dragón Azul
Ninguna de esas personas en el radio que abarca la mirada
Esas personas están dispersas al azar
a lo largo del tiempo
y a lo ancho del mundo
Quizás alguien tenía como
el proyecto de su vida el buscarte
aunque demasiado temprano
o demasiado tarde
y en un lugar completamente alejado
contando desde tus pies
Y tú estás ahí sentado
en una silla pintada de amarillo
en una casa de campo solitaria al borde de una tala
Quizás existan siete u ocho
personas apropiadas para ti que
exactamente ahora suben y bajan en una escalera
en un pasillo cargado de ecos
con una taza de café vacía
y que no pueden hacerse a la idea
de pedir prestado un poco de pan rallado
a ninguna otra persona
más que a ti
Y él, ése allí que vive en pareja tan feliz
él quizás eligió así
como se elige entre distintos tipos de polvo para lavar la ropa.
Solja Krapu (Finlandia) Traducción de Lilian Fernández Hall
volabas
sobre la tarde calina
impresión blanda
entre murallas
eras el final del miedo
eras el retorno
cuerpo
de senos breves ancas
asideras
como tinaja de salmuera
lejana de nube ave
de agüeros absolutos
penumbras en otoño
encendida carne sonrisas
en las ingles
y eras mano presentida
que me hacía necesario
más allá de las rejas
te reconozco a veces
bajo el maquillaje de los días
cuando vuelas
hacia cárceles que ya no habito
y me recuerdas capitán de galopes
audaz aunque más torpe
no te perdono la traición conmigo mismo
te mataré con palabras que te sequen
mariposa
azul muchacha lejana eterna ternura.
Manuel Vázquez Montalbán en "A la sombra de las muchachas en flor"
Enrique Vila-Matas introduce su relato "TORRENTE ES UN FINGIDOR" del volumen "El viajero más lento (El arte de no acabar nada)" con este texto:
En la sala de Coruña donde Picasso estudiara y Torrente pasara el examen de ingreso al bachillerato, leí este texto con cierta emoción provocada por la presencia entre el público de la viuda de Rafael Dieste, que en un cuento absolutamente genial (Este niño está loco) habló de su padre y del juego raro que éste había inventado, casi una danza procesional, puntuada con leve taconeo, como si ningún tramo del camino fuese indiferente, sino todos dignos de ser señalados. "Esto -escribe Dieste- hacía su avance más lento, pero a la vez más imperiosamente decidido, como por un redoble de tambor, sin que no obstante aquello dejase de ser un juego."
Mi curiosidad me lleva a buscar el relato de Dieste. Aquí os dejo un enlace porque, realmente, merece la pena leerlo.
Me pregunto si el viaje habrá sido en vano. Yo creí que habría alguien, pero ahora descubro que nadie ha venido recibirme. Ningún rostro conocido, ni un gesto de bienvenida. "¿Hay alguien ahí?" -pregunto, pero sólo oigo mi voz que retumba en la bóveda de la estación. Confiaba en que algún familiar me recibiera con un abrazo y me indicara qué debo hacer ahora. Nunca había estado aquí, creo. Parece evidente que todo era una farsa urdida por charlatanes. Cruzo el espacio en dirección a la puerta de salida y mis pasos resuenan en la estancia con eco metafísico. Ni un cartel, ni un conserje mal encarado. Nada. Siempre me ha crispado la mala educación. Estas no son formas de recibir a un alma perdida.
Juan García Armendáriz (Microrelatos inéditos) De la revista Quimera Nº 356-357
Samba se sienta a mi lado mientras leo. Fija su mirada en las letras de la revista como si ella también leyera, se queda ensimismada. A veces juguetea con las letras de la página, quiere moverlas con su patita., como si quisiera borrarlas, o tal vez piense que son bichitos (negro sobre blanco).
"Cada tres segundos el mundo pierde un niño por causas que se podrían haber evitado".
domingo, 30 de junio de 2013
Recuerdo que cuando era niña pasé una etapa en la que creía, casi con certeza, que mi vida era la apariencia de un mundo ante el mundo. Mi sospecha era tan grande que lo observaba todo celosamente con el afán de pillar a la vida en un renuncio que me demostrara que yo estaba en lo cierto. Nunca tuve evidencias. Ahora soy hasta incapaz de imaginar el paraíso.
Cuando el niño era niño andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera un río,
que el río fuera un torrente y que este charco fuera un mar.
Cuando el niño era un niño no sabía que era niño,
para él todo estaba animado
y todas las almas eran una.
Cuando el niño era niño no tenía opinión sobre nada,
no tenía ninguna costumbre,
se sentaba en cuclillas,
tenía un remolino en el cabello,
y no ponía caras cuando lo fotografiaban.
Cuando el niño era niño era el tiempo de preguntas como:
¿Por qué yo soy yo y por qué no soy tú?
¿Por qué estoy aquí y por qué no allí?
¿Cuando empezó el tiempo y dónde acaba el espacio?
¿Acaso la vida bajo el sol no es sólo un sueño?
Lo que veo y oigo y huelo,
¿No es sólo la apariencia de un mundo ante el mundo?
¿Existe de verdad el mal y gente que realmente son malos?
¿Cómo puede ser que yo, que existo,
no haya sido antes de existir, y que alguna vez yo,
que existo, ya no seré quien soy?
Cuando el niño era niño le costaba tragar las espinacas,
los chícharos, el arroz con leche y la coliflor al vapor,
y ahora come todo, no sólo por necesidad.
Cuando el niño era niño alguna vez despertó en una cama extraña,
y ahora lo hace seguido.
Muchas personas le parecían bellas,
y ahora, sólo en ocasiones, con suerte.
Imaginaba claramente el paraíso,
y ahora, como mucho, lo adivina.
No podía pensar en nada,
y hoy se estremece ante ella.
Cuando el niño era niño jugaba entusiasmado,
y ahora se concentra como antes
sólo si se trata de trabajo.
Cuando el niño era niño las manzanas y el pan
le bastaban de alimento, y todavía es así.
Cuando el niño era niño las moras le caían en la mano,
como sólo caen la moras, y así es todavía;
las nueces frescas le ponían áspera la lengua,
y así es todavía;
encima de cada montaña tenía el anhelo de una montaña más alta,
y en cada ciudad el anhelo de una ciudad aún más grande...
y siempre es así todavía.
En la copa del árbol tiraba de las cerezas
con igual deleite lo hace hoy todavía;
se asustaba de los extraños como todavía se asuste;
esperaba las primeras nieves y todavía las espera.
Cuando el niño era niño
lanzó un palo como una lanza contra el árbol,
y hoy vibra así todavía.