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martes, 15 de enero de 2013

inventario


De Alexei Menchinov

Ya tengo el inventario de batallas
ganadas y perdidas:
las ganadas,
guardadas bajo llave y en baúles
de cinc, no vaya a ser
que entre sueños las nombre sin querer
y acaso me despierte
el hedor que despiden sus cadáveres;
las perdidas,
de tanto acostumbrarme a su presencia,
las llevo en el bolsillo y me recuerdan
que existo, que estoy vivo,
alguna vez, incluso,
se me cae una lágrima y al cabo
de un tic tac de silencios
aparece,
solitaria, una flor.

Vicente Martín  en "He aquí que aún me queda el dolor"




sábado, 12 de enero de 2013

Poemas de Bertolt Brecht


De Luis González Palma

Quiero ir con aquél a quien amo.
No quiero calcular lo que cuesta.
No quiero averiguar si es bueno.
No quiero saber si me ama.
Quiero ir con aquél a quien amo.

 (Versión de Jesús Muñárriz y Jenaro Talens)


¿Escríbeme qué llevas puesto! ¿Es cálido?
¡Escríbeme en qué duermes! ¿Es también blando?
¡Escríbeme qué aspecto tienes! ¿Sigue siendo el mismo?
¡Escríbeme qué echas de menos! ¿Mi abrazo?
¡Escríbeme cómo te va! ¿Te respetan?
¡Escríbeme qué andas haciendo! ¿Tienes bastante valor?
¡Escríbeme qué haces tú! ¿Sigue siendo bueno?
¡Escríbeme en qué piensas! ¿En mí?
¡La verdad es que sólo tengo preguntas para ti!
¡Y espero con ansiedad la respuesta!
Cuando tú estás cansada, nada puedo llevarte.
Si pasas hambre, no puedo darte de comer.
Así que estoy como fuera del mundo,
perdido, como si te hubiese olvidado.




Leído en "A media voz"




viernes, 11 de enero de 2013






Los frutos tardíos, suspendidos en las ramas,
          tienen el sabor
          amargo de las almendras

Y el dulce tacto de las flores de invierno
          con olor a sol futuro.


Monalisa



domingo, 6 de enero de 2013

Las ciudades invisibles


Compré este libro de Italo Calvino hace un tiempo. Leí unos pocos relatos salteados y me inundó, pero no era el momento de leerlo. Los libros, como todo, han de tener su tiempo. Supongo que el momento era este, ahora.







Las ciudades y los intercambios. 2

En Cloe, gran ciudad, las personas que pasan por las calles no se conocen. Al verse imaginan mil cosas las unas de las otras, los encuentros que podrían ocurrir entre ellas, las conversaciones, las sorpresas, las caricias, los mordiscos. Pero nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, buscan otras miradas, no se detienen.
Pasa una muchacha que hace girar la sombrilla apoyada en su hombro, y también un poco de redondez de las caderas. Pasa una mujer vestida de negro que representa todos los años que tiene, los ojos inquietos bajo el velo y los labios trémulos. Pasa un gigante tatuado; un hombre joven con el pelo blanco; una enana; dos mellizas vestidas de coral. Algo corre entre ellos, un intercambio de miradas como líneas que unen una mirada con otra y dibujan flechas, estrellas, triángulos, hasta que en un instante todas las combinaciones se agotan y otros personajes entran en escena: un ciego con un guepardo sujeto por una cadena, una cortesana con abanico de plumas de avestruz, un efebo, una mujer descomunal. Así entre quienes por casualidad se juntan bajo un soportal para guarecerse de la lluvia, o se apiñan debajo del toldo del bazar, o se detienen a escuchar la banda en la plaza, se consuman encuentros, seducciones, copulaciones, orgías, sin cambiar una palabra, sin rozarse con un dedo, casi sin alzar los ojos.
Una vibración lujuriosa mueve continuamente a Cloe, la más casta de las ciudades. Si hombres y mujeres empezaran a vivir sus efímeros sueños, cada fantasma se convertiría en una persona con quien comenzar una historia de persecuciones, de simulaciones, de malentendidos, de choques, de opresiones, y el carrusel de las fantasías se detendría.


Las ciudades y los ojos. 3

Después de andar siete días a través de boscajes, el que va a Baucis no consigue verla y ha llegado. Los finos zancos que se alzan del suelo a gran distancia uno de otro y se pierden entre las nubes, sostienen la ciudad. Se sube por escalerillas. Los habitantes rara vez se muestran en tierra: tienen arriba todo lo necesario y prefieren no bajar. Nada de la ciudad toca el suelo salvo las largas patas de flamenco en que se apoya, y en los días luminosos, una sombra calada y angulosa que se dibuja en el follaje.
Tres hipótesis circulan sobre los habitantes de Baucis: que odian la tierra; que la respetan al punto de evitar todo contacto; que la aman tal como era antes de ellos, y con catalejos y telescopios apuntando hacia abajo no se cansan de pasarle revista, hoja por hoja, piedra por piedra, hormiga por hormiga, contemplando fascinados su propia ausencia.




Las ciudades Invisibles, de Italo Calvino, es un libro altamente recomendable (yo diría que de los imprescindible). Inteligente y lírico. Para pensar, soñar y sentir. Para disfrutar y absorber el impacto (como un nuevo lenguaje inventado). Para no olvidarlo nunca.

El libro termina así:

“-El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio.”


Dedicatoria: Para ti, el arriesgado, que no eres un trozo de infierno dentro de él y sabes, por tanto, hacer un espacio a todos los que no lo son.



sábado, 5 de enero de 2013





Mi hijo me regaló el otro día estos versos, recitados de memoria:


MI ALMA

Murmuran que hablo muy poco
alma los que nada saben
de nuestros largos coloquios.

Miguel Hernández



jueves, 3 de enero de 2013




Hay un pájaro azul en mi corazón que quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro,
no voy a permitir que nadie te vea.

Charles Bukowski






lunes, 31 de diciembre de 2012

2013






COMIENZO

Ensanchar el alma contigo
y guiarte de la mano
lentamente
como la primera vez que hiciste el camino
descubrir de nuevo el viento
enseñarte a mirar de nuevo
De nuevo

Vestirnos de luz y lluvia para
correr a ver el mar de nuevo
donde surge la vida
el movimiento y el canto
y aprender de nuevo
el sabor de una risa prematura y nerviosa
esperanzada
De nuevo

Ser la música de unos ojos ilusionados
emprender de nuevo todos los trabajos
inventar el lenguaje
como la primera vez de todo

Y nacer juntos cada día
venir al mundo
De nuevo

Estrenar de nuevo el candor y la inocencia

Monalisa




sábado, 29 de diciembre de 2012

Canción de la esperanza


Marcello Mastroianni

Canción de la esperanza
en el camino inútil
de mi vida, tus manos
cruzan como dos alas
cargadas de ternura.

Yolanda Bedregal (Bolivia)



miércoles, 26 de diciembre de 2012





(...)
        No procede salvarse.
                             
                                      ¿De qué, para qué? 
                           
                                                                    No

procede salvarse.
        
                          
Antonio Gamoneda en "Canción Errónea"