Seguidores

miércoles, 18 de julio de 2012

Mañana no será lo que Dios quiera


Ángel González


Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.
…Mañana!
                      Y mañana será otro día tranquilo,
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.


El futuro es otra cosa, un lugar más lejano que nos mira de cerca y nos ayuda a movernos sobre la piel de los días, sin naufragar en los adverbios aún, todavía y siempre. Es una quilla de barco que golpea el agua y se esfuerza en abrir las olas. Alguien reconoce el dolor, asume el sufrimiento, intenta el amor, admite la luz y sigue caminando, porque la narración no está cancelada:

Pero nada es aún definitivo.
Mañana he decidido ir adelante,
y avanzaré,
mañana me dispongo a estar contento,
mañana te amaré, mañana
y tarde,
mañana no será lo que Dios quiera.

Mañana gris, o luminosa, o fría,
que unas manos modelan en el viento,
que unos puños dibujan en el aire.



“Mañana no será lo que Dios quiera” es un libro de Luis García Montero sobre el poeta Ángel González. Hace un repaso, a través de las conversaciones y encuentros que mantuvieron, sobre su vida, sus paisajes, su familia, su lucha, su letra, sus reflexiones … Sobre los mapas de su mundo. Delicioso ¿Qué se podía esperar estando juntos Luis García Montero y Ángel González?

“Crecer es una tarea difícil, una fatalidad”



domingo, 15 de julio de 2012

nana





Morena de luna llena. 
FGL

Vi una enorme rosa blanca en tu boca.

Morena de luna llena
niña blanca del viento
que con tu negra melena
bordaste la hermosa tierra
de una eterna primavera

Niña blanca del agua
vuela en la madrugada
que quiero ver el mar
hecho espuma en tus alas

Niña blanca del alba
baila con nubes naranjas
que tu alegría vierte llamas
que caldean la fría mañana

Riega, niña blanca de ardora,
con tus ojos de lluvia clara
las ramas de las altas copas
que quiero ver siempre viva
la inabarcable rosa blanca
que prendías en tu boca

Monalisa


miércoles, 11 de julio de 2012

infecunda paz




FILOSOFÍA DE LA CONSOLACIÓN

Leo
que la plenitud es la desaparición de la carencia
y que sólo es feliz
quien ha perdido ya toda esperanza.
Los que así escriben
no pueden entender que de la herida
que duele y hiede nazcan abejas rubias
y que su miel
sea la poca luz que nos alumbra.
Ellos,
dueños de su circunferencia conquistada,
no saben
qué infecunda es la paz donde no habitas.

Piedad Bonnet




(Publicación Programada)



miércoles, 4 de julio de 2012




Erguido sobre
tantos días alegres
sigo la marcha.
No podré habitarte,
ciudad cercana.
Siempre seré huésped, nunca vecino.

Claudio Rodriguez en "Alianza y condena"

(Sólo por engañar un poco al alma)





jueves, 28 de junio de 2012

Mapa





Ese mapa que me diste
de tu corazón
es como uno de esos mapas turísticos:
todo lo hermoso
está cerca
y las calles son cortas
y las rutas diáfanas.

Pero luego
las distancias no corresponden
hay calles que no están señaladas
y los caminos son complejos
e intrincados.

Y ya es muy tarde, porque me he adentrado
en la ciudad, y no hay vuelta
atrás.

Tus ojos miran muy lejos
y ya no me sirven de referencia.
Me he perdido irremisiblemente.

Diego Valverde Villena en “No olvides mi rostro”


domingo, 24 de junio de 2012

Noche de San Juan




TORMENTA

La noche ha sido larga.
Como desde cien años 
de lluvia,
de una respiración embravecida
proveniente de un fondo de vértigo nocturno,
de un cántaro colorado
jadeando en la tierra,
el viento ha desatado su tempestad violenta
sobre el velo anhelante de la ilusión
efímera, sobre los fataigadores menesteres,
y tú y yo, en la colina
más alta,
en el rincón de nuestros dos silencios,
abrazados al tiempo del amor, desvelándonos.

Deja que el viento muerda sobre el viento.

Yo te cerraré los ojos.

Elvio Romero


miércoles, 20 de junio de 2012

sepades





SOBRE EL PAPEL

                            Scripto iaze esto, sepades, non vos miento.
                                                                 Gonzalo de Berceo



Quizá te extrañe
- aunque sea coherente para mí-
esta forma de hacerte llegar mis pensamientos,
estas palabras torpes escritas al tirón,
en vez de aquella charla que debimos tener
de tú a tú, entre gentes que debieran quererse.

Pero cuando tú estás, cuando estás frente a mí,
no consigo saber articular
esas piezas extrañas y sin embargo nuestras,
ese puzle de vasta soledad donde vivimos.

Después de varios años
durante los que fuiste el mapa señalado,
el pequeño horizonte, el cuerpo en llamaradas,
la diminuta y bella revolución
o acaso el sueño que me hizo avanzar,
es cansado y difícil
soportar la consciencia de que nunca se llega.

Es posible que pienses
que quizá con el tiempo te pude idealizar
- nadie está libre de él: el inconsciente ese
de clase tanto tiempo dominadora y sola-,
pero debes saber que ahora no es así,
ahora ya sé quién eres:
una enorme mujer
con los mismos problemas que yo, que él, que todos,
lo que entiendo y respeto.

Ahora ya no me lleva hacia ti
ningún aire de posesión o cosa semejante
sino un hermoso amor
un infinito y desdichado amor.

Ahora quiero que sepas –aunque sea por escrito-
Que ya sólo pretendo desde cualquier distancia
que te sientas más libre de cárcel o de abrazo
y me cuentes a veces –si es posible-
algo de ti.

Sé que la soledad
no se agota en tus labios ni en los míos
y que la vida es dura,
trágicamente seria.

Sé que no llegaremos donde tú y yo soñamos,
que la muerte nos une y sin embargo
ahí está el camino:
hermoso y miserable como un torso desnudo,
como un largo relato de amor y explotación.

Hay que avanzar, hay que avanzar.
Pero es necesario
sentir un cuerpo aquí junto al costado.

Ya sé por qué razón
yo quise siempre, siempre, trabajar junto a ti.

                                                      Con mi mejor amor, Javier Egea.

En “El paseo de los tristes”