domingo, 22 de julio de 2012
sábado, 21 de julio de 2012
miércoles, 18 de julio de 2012
Mañana no será lo que Dios quiera
Ángel González
Te llaman
porvenir
porque no
vienes nunca.
Te llaman:
porvenir,
y esperan que
tú llegues
como un animal
manso
a comer en su
mano.
Pero tú
permaneces
más allá de las
horas,
agazapado no se
sabe dónde.
…Mañana!
Y mañana será otro día
tranquilo,
un día como
hoy, jueves o martes,
cualquier cosa
y no eso
que esperamos
aún, todavía, siempre.
El
futuro es otra cosa, un lugar más lejano que nos mira de cerca y nos ayuda a
movernos sobre la piel de los días, sin naufragar en los adverbios aún, todavía
y siempre. Es una quilla de barco que golpea el agua y se esfuerza en abrir las
olas. Alguien reconoce el dolor, asume el sufrimiento, intenta el amor, admite
la luz y sigue caminando, porque la narración no está cancelada:
Pero nada es
aún definitivo.
Mañana he
decidido ir adelante,
y avanzaré,
mañana me
dispongo a estar contento,
mañana te
amaré, mañana
y tarde,
mañana no será
lo que Dios quiera.
Mañana gris, o
luminosa, o fría,
que unas manos
modelan en el viento,
que unos puños
dibujan en el aire.
“Mañana
no será lo que Dios quiera” es un libro de Luis García Montero sobre el poeta
Ángel González. Hace un repaso, a través de las conversaciones y encuentros que
mantuvieron, sobre su vida, sus paisajes, su familia, su lucha, su letra, sus
reflexiones … Sobre los mapas de su mundo. Delicioso ¿Qué se podía esperar estando juntos Luis García Montero y
Ángel González?
“Crecer
es una tarea difícil, una fatalidad”
domingo, 15 de julio de 2012
nana
Morena de luna llena.
FGL
FGL
Vi
una enorme rosa blanca en tu boca.
Morena de luna llena
niña
blanca del viento
que
con tu negra melena
bordaste
la hermosa tierra
de
una eterna primavera
Niña
blanca del agua
vuela
en la madrugada
que
quiero ver el mar
hecho
espuma en tus alas
Niña
blanca del alba
baila
con nubes naranjas
que
tu alegría vierte llamas
que
caldean la fría mañana
Riega,
niña blanca de ardora,
con
tus ojos de lluvia clara
las
ramas de las altas copas
que
quiero ver siempre viva
la
inabarcable rosa blanca
que
prendías en tu boca
Monalisa
miércoles, 11 de julio de 2012
infecunda paz
FILOSOFÍA DE LA CONSOLACIÓN
Leo
que la plenitud es la desaparición de la carencia
y que sólo es feliz
quien ha perdido ya toda esperanza.
Los que así escriben
no pueden entender que de la herida
que duele y hiede nazcan abejas rubias
y que su miel
sea la poca luz que nos alumbra.
Ellos,
dueños de su circunferencia conquistada,
no saben
qué infecunda es la paz donde no habitas.
Piedad Bonnet
(Publicación Programada)
miércoles, 4 de julio de 2012
jueves, 28 de junio de 2012
Mapa
Ese
mapa que me diste
de tu
corazón
es como
uno de esos mapas turísticos:
todo lo
hermoso
está
cerca
y las
calles son cortas
y las
rutas diáfanas.
Pero
luego
las
distancias no corresponden
hay
calles que no están señaladas
y
los caminos son complejos
e
intrincados.
Y ya
es muy tarde, porque me he adentrado
en
la ciudad, y no hay vuelta
atrás.
Tus
ojos miran muy lejos
y ya
no me sirven de referencia.
Me
he perdido irremisiblemente.
Diego
Valverde Villena en “No olvides mi rostro”
domingo, 24 de junio de 2012
Noche de San Juan
TORMENTA
La noche ha sido larga.
Como desde cien años
de lluvia,
de una respiración embravecida
proveniente de un fondo de vértigo nocturno,
de un cántaro colorado
jadeando en la tierra,
el viento ha desatado su tempestad violenta
sobre el velo anhelante de la ilusión
efímera, sobre los fataigadores menesteres,
y tú y yo, en la colina
más alta,
en el rincón de nuestros dos silencios,
abrazados al tiempo del amor, desvelándonos.
Deja que el viento muerda sobre el viento.
Yo te cerraré los ojos.
Elvio Romero
miércoles, 20 de junio de 2012
sepades
SOBRE
EL PAPEL
Scripto iaze esto,
sepades, non vos miento.
Gonzalo de Berceo
Quizá
te extrañe
-
aunque sea coherente para mí-
esta
forma de hacerte llegar mis pensamientos,
estas
palabras torpes escritas al tirón,
en
vez de aquella charla que debimos tener
de
tú a tú, entre gentes que debieran quererse.
Pero
cuando tú estás, cuando estás frente a mí,
no
consigo saber articular
esas
piezas extrañas y sin embargo nuestras,
ese
puzle de vasta soledad donde vivimos.
Después
de varios años
durante
los que fuiste el mapa señalado,
el
pequeño horizonte, el cuerpo en llamaradas,
la
diminuta y bella revolución
o
acaso el sueño que me hizo avanzar,
es
cansado y difícil
soportar
la consciencia de que nunca se llega.
Es
posible que pienses
que
quizá con el tiempo te pude idealizar
-
nadie está libre de él: el inconsciente ese
de
clase tanto tiempo dominadora y sola-,
pero
debes saber que ahora no es así,
ahora
ya sé quién eres:
una
enorme mujer
con
los mismos problemas que yo, que él, que todos,
lo
que entiendo y respeto.
Ahora
ya no me lleva hacia ti
ningún
aire de posesión o cosa semejante
sino
un hermoso amor
un
infinito y desdichado amor.
Ahora
quiero que sepas –aunque sea por escrito-
Que
ya sólo pretendo desde cualquier distancia
que
te sientas más libre de cárcel o de abrazo
y
me cuentes a veces –si es posible-
algo
de ti.
Sé
que la soledad
no
se agota en tus labios ni en los míos
y
que la vida es dura,
trágicamente
seria.
Sé
que no llegaremos donde tú y yo soñamos,
que
la muerte nos une y sin embargo
ahí
está el camino:
hermoso
y miserable como un torso desnudo,
como
un largo relato de amor y explotación.
Hay
que avanzar, hay que avanzar.
Pero
es necesario
sentir
un cuerpo aquí junto al costado.
Ya
sé por qué razón
yo
quise siempre, siempre, trabajar junto a ti.
Con mi mejor amor,
Javier Egea.
En “El paseo de
los tristes”
sábado, 16 de junio de 2012
contra el olvido
LAS HORTENSIAS AZULES
"Tú acaso no lo sepas,
Isolda"
Raúl Hernández Novás
Tú
acaso no lo sepas, Isolda; las hortensias azules junto a tu puerta, tenían que
ver con el último gesto de John Lennon, ese modo irrepetible de mirar la cámara
que sólo poseen los que saben que detrás de la lente está el vacío y no la
muchedumbre. Yo busqué en el espejo muchas veces, pero es imposible, el secreto
ademán se entrega solamente cuando el cristal no reproduce el rostro.
Tú
acaso no lo sepas, Isolda; las hortensias azules junto a tu puerta, no fueron
un mensaje de amor, ni ocultas claves para la memoria. Ya no estoy, y eso lo sabes, pero también las hortensias se
murieron y nada tiene que ver con sus pétalos el azul que descubrimos aquella
tarde en un rincón del cielo.
Tú
acaso no lo sepas, Isolda; las hortensias azules de que hablaba el poema, no
existieron, aunque sí el gesto de John Lennon, y el vacío oculto tras la lente,
y el azul que descubrí yo solo mientras dejaba, junto a tu puerta, un mensaje
de amor contra el olvido.
Waldo Leyva en "Memoria del porvenir"
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

.jpg)






