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domingo, 15 de julio de 2012

nana





Morena de luna llena. 
FGL

Vi una enorme rosa blanca en tu boca.

Morena de luna llena
niña blanca del viento
que con tu negra melena
bordaste la hermosa tierra
de una eterna primavera

Niña blanca del agua
vuela en la madrugada
que quiero ver el mar
hecho espuma en tus alas

Niña blanca del alba
baila con nubes naranjas
que tu alegría vierte llamas
que caldean la fría mañana

Riega, niña blanca de ardora,
con tus ojos de lluvia clara
las ramas de las altas copas
que quiero ver siempre viva
la inabarcable rosa blanca
que prendías en tu boca

Monalisa


miércoles, 11 de julio de 2012

infecunda paz




FILOSOFÍA DE LA CONSOLACIÓN

Leo
que la plenitud es la desaparición de la carencia
y que sólo es feliz
quien ha perdido ya toda esperanza.
Los que así escriben
no pueden entender que de la herida
que duele y hiede nazcan abejas rubias
y que su miel
sea la poca luz que nos alumbra.
Ellos,
dueños de su circunferencia conquistada,
no saben
qué infecunda es la paz donde no habitas.

Piedad Bonnet




(Publicación Programada)



miércoles, 4 de julio de 2012




Erguido sobre
tantos días alegres
sigo la marcha.
No podré habitarte,
ciudad cercana.
Siempre seré huésped, nunca vecino.

Claudio Rodriguez en "Alianza y condena"

(Sólo por engañar un poco al alma)





jueves, 28 de junio de 2012

Mapa





Ese mapa que me diste
de tu corazón
es como uno de esos mapas turísticos:
todo lo hermoso
está cerca
y las calles son cortas
y las rutas diáfanas.

Pero luego
las distancias no corresponden
hay calles que no están señaladas
y los caminos son complejos
e intrincados.

Y ya es muy tarde, porque me he adentrado
en la ciudad, y no hay vuelta
atrás.

Tus ojos miran muy lejos
y ya no me sirven de referencia.
Me he perdido irremisiblemente.

Diego Valverde Villena en “No olvides mi rostro”


domingo, 24 de junio de 2012

Noche de San Juan




TORMENTA

La noche ha sido larga.
Como desde cien años 
de lluvia,
de una respiración embravecida
proveniente de un fondo de vértigo nocturno,
de un cántaro colorado
jadeando en la tierra,
el viento ha desatado su tempestad violenta
sobre el velo anhelante de la ilusión
efímera, sobre los fataigadores menesteres,
y tú y yo, en la colina
más alta,
en el rincón de nuestros dos silencios,
abrazados al tiempo del amor, desvelándonos.

Deja que el viento muerda sobre el viento.

Yo te cerraré los ojos.

Elvio Romero


miércoles, 20 de junio de 2012

sepades





SOBRE EL PAPEL

                            Scripto iaze esto, sepades, non vos miento.
                                                                 Gonzalo de Berceo



Quizá te extrañe
- aunque sea coherente para mí-
esta forma de hacerte llegar mis pensamientos,
estas palabras torpes escritas al tirón,
en vez de aquella charla que debimos tener
de tú a tú, entre gentes que debieran quererse.

Pero cuando tú estás, cuando estás frente a mí,
no consigo saber articular
esas piezas extrañas y sin embargo nuestras,
ese puzle de vasta soledad donde vivimos.

Después de varios años
durante los que fuiste el mapa señalado,
el pequeño horizonte, el cuerpo en llamaradas,
la diminuta y bella revolución
o acaso el sueño que me hizo avanzar,
es cansado y difícil
soportar la consciencia de que nunca se llega.

Es posible que pienses
que quizá con el tiempo te pude idealizar
- nadie está libre de él: el inconsciente ese
de clase tanto tiempo dominadora y sola-,
pero debes saber que ahora no es así,
ahora ya sé quién eres:
una enorme mujer
con los mismos problemas que yo, que él, que todos,
lo que entiendo y respeto.

Ahora ya no me lleva hacia ti
ningún aire de posesión o cosa semejante
sino un hermoso amor
un infinito y desdichado amor.

Ahora quiero que sepas –aunque sea por escrito-
Que ya sólo pretendo desde cualquier distancia
que te sientas más libre de cárcel o de abrazo
y me cuentes a veces –si es posible-
algo de ti.

Sé que la soledad
no se agota en tus labios ni en los míos
y que la vida es dura,
trágicamente seria.

Sé que no llegaremos donde tú y yo soñamos,
que la muerte nos une y sin embargo
ahí está el camino:
hermoso y miserable como un torso desnudo,
como un largo relato de amor y explotación.

Hay que avanzar, hay que avanzar.
Pero es necesario
sentir un cuerpo aquí junto al costado.

Ya sé por qué razón
yo quise siempre, siempre, trabajar junto a ti.

                                                      Con mi mejor amor, Javier Egea.

En “El paseo de los tristes”


sábado, 16 de junio de 2012

contra el olvido




LAS HORTENSIAS AZULES

                                                                     "Tú acaso no lo sepas,
                                                                      Isolda"
                                                                      Raúl Hernández Novás


Tú acaso no lo sepas, Isolda; las hortensias azules junto a tu puerta, tenían que ver con el último gesto de John Lennon, ese modo irrepetible de mirar la cámara que sólo poseen los que saben que detrás de la lente está el vacío y no la muchedumbre. Yo busqué en el espejo muchas veces, pero es imposible, el secreto ademán se entrega solamente cuando el cristal no reproduce el rostro.

Tú acaso no lo sepas, Isolda; las hortensias azules junto a tu puerta, no fueron un mensaje de amor, ni ocultas claves para la memoria. Ya no estoy,  y eso lo sabes, pero también las hortensias se murieron y nada tiene que ver con sus pétalos el azul que descubrimos aquella tarde en un rincón del cielo.

Tú acaso no lo sepas, Isolda; las hortensias azules de que hablaba el poema, no existieron, aunque sí el gesto de John Lennon, y el vacío oculto tras la lente, y el azul que descubrí yo solo mientras dejaba, junto a tu puerta, un mensaje de amor contra el olvido.

Waldo Leyva en "Memoria del porvenir"


martes, 12 de junio de 2012

INSTRUCCIONES DE MUDANZA



Recoger una casa es mucho más que recoger una casa

Hay que clasificar los objetos y Recuerdos porque
aparecen sapos viejos por los rincones
y también flores de nata

Es conveniente poner a buen recaudo el Alma
y rotular bien la caja
Aquí va mi alma
porque es fácil que pueda perderse entre cosas y enseres
y no volver a encontrarla hasta haber desembalado todo.

Imagina si la encuentras dentro de una sartén
o tal vez entre la ropa interior.
Sería bueno que estuviera con los cosméticos y maquillajes
para poder volver a retocarla luego.

Escribe también en la caja:


Porque, a menudo, los señores de
las mudanzas suelen ser descuidados
con material tan preciado


Y también:



Porque el alma tiende siempre
a salir hacia arriba

Y así, en rojo, como está mi alma

Pero…

¿Y la tuya?
Esa que recuerdo
                             de ternura apasionada
                             sonriente y generosa
                             a veces atormentada
                             y siempre  siempre
                             noble y entregada


¿Dónde podré encontrarla?
Si ni quiero ni puedo guardarla.


Monalisa



viernes, 8 de junio de 2012

sueño






Hacer el amor en las nieves del Kilimanjaro
bajo una cúpula de estrellas
y sentir la burbuja que nos separa
del mundo
            (los copos rozando la piel
                 cuando al girarnos comienza la danza
                        confusa de las sombras en la noche)
enorme y limpia
como la larva de una langosta
llamando al corazón profanado del
centro del mundo.

Monalisa


martes, 5 de junio de 2012

Por el camino de tu lengua






Por el camino de tu lengua yo podría llegar 
hasta la negra Abisinia
o cabalgar hasta Bengala o Nankin
porque ella es sabia como un viejo maestro que
enseña sobre el cielo
las rutas de los pálidos cometas

porque tu lengua es poderosa como la de la mantis
que da vida y da muerte
y sabe tejer formas como la poesía
y es diestra en lides y ducha en argucias
y canta una canción remota y mágica que invita al extravío

Pero por el camino de tu lengua viajo más hondo
hasta el lugar donde naces gimiendo con un tremor antiguo
y me sientes flotar reciente y húmeda

hasta el origen
donde sueña la bestia su sueño más profundo
y el placer es un banco de peces que relumbra
entre sales marinas

hasta mi centro
donde veo lo que no ven mis ojos cegados por las
luces del mundo
donde no existe la palabra

la torpe mercenaria


Piedad Bonett