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jueves, 12 de abril de 2012

estéril arrogancia




IMPRECISIÓN


                  "... cuando en lo que nosotros piensa
                                             sólo está sintiendo"
                                                  José Saramago

Anochece sin color.
Protegida por el fieltro
oscurecido del silencio,
la piel de la memoria
roza tu nombre,
y el aire de esa inquietud
agita la borra del recuerdo;
soledad deshilachada,
danza ingrávida del abandono
que amortigua el deseo
de imaginar.

Anochece sin contornos
sobre la estéril arrogancia
del mundo.

Juan Massana en "Huésped de tu voz"

lunes, 9 de abril de 2012

Respuesta


Un comentarista anónimo hacía referencia (en la entrada anterior) a esta pieza musical que E. Vila-Matas refiere en su libro de relatos "Chet Baker piensa en su arte".




Además yo tengo una fotografía con Bela Lugosi. Fue en octubre del 2010, en el museo del cine de Turín. Besos hasta allí.


Bela Lugosi (y yo, su sombra)

Y ya mismo me pongo a leerlo.

Monalisa



sábado, 7 de abril de 2012

Primeras frases


Librería "Salexyz" en Maastricht


Hace unos días, releyendo el volumen “Aunque no entendamos nada” de E. Vila-Matas, leí el relato “Primeras frases” que podéis leer entero aquí.

La verdad es que me atrapó y he estado dándole vueltas durante unos días. He mirado en algunos de mis libros buscando las primeras frases. Os pongo aquí algunas de las que he seleccionado por distintos motivos. Unas porque son muy poéticas, otras dan mucho quepensar, otras evocan muchos recuerdos, algunas porque son muy curiosas e incluso divertidas… Y algunas porque son ineludibles.
Aunque seguro  que cada uno de vosotros elegiríais otras diferentes. Admito todas las sugerencias.
Y es muy curioso observar como estas “primeras frases” encierran el espíritu de todo el libro.

Gabriel García Márquez en “Cien años de soledad” (era ineludible):
"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo."

Albert Camus en "El extranjero":
"Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé."

Marguerite Yourcenar en “Alexis o el tratado del inútil combate”:
“Esta carta, amiga mía, será muy larga.”

Paul Auster en “Sunset Park”: 
“Durante casi un año ya, viene tomando fotografías de casas abandonadas.”

Don De Lillo en “Fascinación”: 
“Aquí no hallarás gente corriente.”

Julio Cortázar en "Rayuela":
"¿Encontraría a La Maga?"

Antonio Lobo Antunes en “El archipiélago del insomnio”: 
“¿De dónde me vendrá la impresión de que la casa, aunque está igual, le falta casi todo?”

Octavio Paz en “La llama doble”: 
“¿Cuándo se comienza a escribir un libro?”

Irène Némirovsky en “Suite Francesa”
“Caliente, pensaban los parisinos.”

Samuel Beckett en “Murphy”: 
“El sol brillaba, no teniendo otra alternativa, sobre lo nada nuevo.”

Javier Marías en “Tu rostro mañana. I – Fiebre y lanza”: 
“No debería uno contar nunca nada.”

Charles Bukowski en “La senda del perdedor”: 
“La primera cosa que recuerdo es estar debajo de algo”.

William Faulkner en “De esta tierra y más allá”:
“No sé qué éramos.”

Roberto Bolaño en su relato titulado “Enrique Martín”, dedicado a Vila-Matas, precisamente:
“Un poeta lo puede soportar todo.”

Leopoldo Alas “Clarín” en “La Regenta”:
“La heroica ciudad dormía la siesta.”

Gabriel García Márquez en “El amor en los tiempos del cólera”: 
“Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.”

Maguerite Duras en “Emily L.”:
“Empezó con el miedo.”

Henry Miller en “Trópico de capricornio”:
“Una vez que entregas el alma, lo demás sigue con absoluta certeza, aun en pleno caos.”

Fernando Pessoa en “Libro del desasosiego” (aunque no sé muy bien dónde comienza):
“Nací en un tiempo en que la mayoría de los jóvenes habían perdido la creencia en Dios,…”

Antonio Tabucchi en “Sostiene Perreira” (a modo de homenaje):
“Sostiene Pereira que lo conoció un día de verano. Una magnífica jornada veraniega, soleada y aireada, y Lisboa resplandecía.”

También de Tabucchi, en "El tiempo envejece deprisa"
El primer relato titulado "El círculo.":
"Le pregunté sobre aquellos tiempos en que éramos aún tan jóvenes, ingenuos, entusiastas, tontos, inexpertos. Algo de eso ha quedado, excepto la juventud, respondió."

Philippe Claudel en “Almas grises”:
“No sé muy bien por dónde empezar.”

Carson McCullers en “El corazón es un cazador solitario”:
“En la ciudad había dos mudos, y siempre estaban juntos.”

Mark Twain en “Diario de Adán y Eva”: 
“LUNES
Esta nueva criatura de pelo largo me está estorbando mucho. Está siempre rondando y siguiéndome por ahí.”

Librería "Lello" en Oporto

El colmo sería componer un poema (o más) con ellas. Es lo que hubiera hecho Raymond Queneau.

Pero he encontrado un final… del propio Vila-Matas (uno de mis locos favoritos), en el libro “Suicidios ejemplares”:

“PERO NO HAGAMOS YA MÁS LITERATURA

Pero no hagamos ya más literatura. Por este mismo correo (o mañana) te envío, certificado, mi cuaderno de versos, que guardarás, y del que podrás disponer para cualquier fin como si fueras yo mismo (…) Adiós. Si mañana no consigo la estricnina en dosis suficientes, me arrojaré al metro… No te enfades conmigo.

MARIO DE SÀ-CARNEIRO (en carta a Pessoa del 31-3-1916)”.


Y a mí, particularmente, me gustan mucho los libros que comienzan con frases memorables de otros autores. Esta práctica es muy habitual en autores como Bolaño, José María Álvarez, el propio Vila-Matas…

(quizás para otro día)

(Para otro día, también, [quién sabe...] las últimas frases. Que también las hay.

Librería "El Ateneo" en Benos Aires

Las fotografías las he sacado de Internet y corresponden a las tres librerías catalogadas como las más bellas del mundo (en ese orden). Mi objetivo: visitralas las tres. Estoy tan acostumbrada a no cumplir mis objetivos...

** Esta tarde habrá un crepúsculo monumental.

Monalisa

viernes, 6 de abril de 2012

a quien corresponda





(…)
“Esto debe ser la soledad, de la que tanto hemos hablado y leído sin llegar a intuir siquiera cuáles eran sus dimensiones morales. Bueno, pues la soledad era esto: encontrarte de súbito en el mundo como si acabaras de llegar de otro planeta del que no sabes por qué has sido expulsada."
(…)
"La soledad es una amputación no visible, pero tan eficaz como si te arrancaran la vista y el oído y así, aislada de todas las sensaciones exteriores, de todos los puntos de referencia, y sólo en el tacto y la memoria, tuvieras que reconstruir el mundo que has de habitar y que te habita. ¿Qué había en esto de literario, qué había de divertido? ¿Por qué nos gustaba tanto?"
(…)
"- Todos vivimos en un infierno, Elena, todos, pero no le pasamos la factura a nadie ¿Sabes por qué? Porque cada uno de nosotros elige su propio infierno, aquél en el que se encuentra más cómodo. (…) Lo que te ocurre a ti es que todavía ignoras en qué infierno quieres vivir. Averígualo, date el tiempo que necesites y cuando lo sepas dímelo. Creo que podré pagártelo por caro que resulte.”
(…)
“La realización de cuestiones de orden práctico puede justificar toda una vida, así de odiosas son.”
(…)
“Nunca terminamos de hacernos; estos días tengo la sensación de estar frente a mí como un escultor frente a una roca de la que ha de eliminar todo cuanto no sea substancial.”
(…)
“El futuro es un bulto que ha empezado a crecer en alguna parte de mí y al que alimentaré como a un hijo. Se trata de que al final haya merecido la pena haber vivido.”
(…)
“Creo que se trata de un texto liberador, pero triste, como si no pudera darse una cosa sin la otra”.
(…)
"De súbito el sol se ha colocado de tal modo que no me deja ver. Por el ventanal entra una luz cegadora y blanca como la del cuarto de baño de un hotel. En medio de esa luz, muy pronto, irá corporeizándose una forma oscura y bella como la del diablo, pero apacible y dulce como la de la divinidad."

Fin

Juan José Millás en "La soledad era esto"


martes, 3 de abril de 2012

lenguaje


Hoy hubiera cumplido 90 años el Poeta José Hierro. Desde aquí este sencillo recuerdo a quien respiró de palabras y supo entender que hay otros lenguajes.


Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.


Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte,
hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.
Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,
la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.


Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.
Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,
yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.
Criatura también de alegría quisiera que fueras,
criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.


Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas
y llorar en sus calles oscuras sintiéndote débil,
y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,
y sentirte hecho de aire y de nube u de hierba muy verde...


Si ahora yo te dijera
que es tu vida esa roca en que rompe la ola,
la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,
aquel hombre que va por el camino nocturno llevando una antorcha,
aquel niño que azota la mar con su mano inocente...


Si yo te dijera estas cosas, amigo,
¿qué fuego pondría en mi boca, que hierro candente,
qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?
Y ¿cómo saber si me entiendes?
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?


Sin palabras, amigo; tendría que ser sin palabras
como tú me entendieses.


José Hierro


(Recuerdo, también, de una tarde en ésta: mi casa, su casa.)








sábado, 31 de marzo de 2012

si pueden




Hay veces en que el alma
se quiebra como un vaso,
y antes de que se rompa
y muera (porque las cosas mueren
también) llénalo de agua
y bebe,
           quiero decir que dejes
las palabras gastadas, bien lavadas,
en el fondo quebrado
de tu alma,
y que, si pueden, canten.

Francisco Brines en "Para quemar la noche"


viernes, 30 de marzo de 2012

algún libro ...



Cafebrería "El péndulo" en México

(...) "He estado pensando en eso esta mañana: a veces la vida te impone cambios que tú no sabes que se están produciendo, repasas tu biblioteca y tu memoria, y sabes que algún libro anda por ahí esperando por ti para iniciar contigo esa huida hacia otros universos.
A veces es, como en este caso, un libro que ya leíste; suelo volver, ahora, a El extranjero, o a alguna de las obras de Albert Camus, y suelo volver a la poesía, o busco y rebusco en las librerías hasta que, al fin, encuentro algún libro para huir de todo esto. Ahora voy a buscarlo; quizá está a mi lado, o quizá no está escrito, alguien en algún lado está escribiendo el libro que es el espejo que espera por nosotros." 

Extraído del blog "Mira que te lo tengo dicho", de Juan Cruz. El autor da el título de "Para huir de todo esto", a esta entrada. 


martes, 27 de marzo de 2012

El inmenso valor de la despedida



                                                                A mi madre


Sentí como si toda mi vida
hubiese transcurrido para ese único instante.
Y que después, posiblemente,
todo sería mucho más valioso.
Posiblemente.
Porque la despedida da sentido
                                    (Y sinsentido)
al pasado y
a lo que vendrá después.


Porque el sol abre sus dedos en el norte de la noche.


Me lo dijeron
dos hormigueros negros
profundos y vacíos.


Y las sombras oficiaron en aquella noche intacta
dejándome un triste tesoro.


Monalisa






domingo, 25 de marzo de 2012

Felices los normales




Felices los normales, esos seres extraños.
Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente.
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida.
Los que no han sido calcinados por un amor devorante.
Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más.
Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros.
Los satisfechos, los gordos, los lindos.
Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí.
Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura.
Los flautistas acompañados por ratones.
Los vendedores y sus compradores.
Los caballeros ligeramente sobrehumanos.
Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos.
Los delicados, los sensatos, los finos.
Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
Felices las aves, el estiércol, las piedras.

Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños
las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
que sus padres y más delincuentes que sus hijos
y más devorados por amores calcinantes
que les dejen su sitio en el infierno, y basta.

Roberto Fernández Retamar