domingo, 12 de febrero de 2012
La corriente del río
Mientras te amabas
sólo a ti mismo, no crecías.
Pero anhelaste amar y ser amado
y entonces ya
la corriente del río
se puso en movimiento.
Juan Cobos Wilkins
Manuela
Manuela es
una mujer de cuerpo rotundo y noble. Su presencia se impone sin resistencia y
sin proponérselo.
Manuela
tiene ochenta y cinco años y ha parido siete veces. Ha visto morir a su marido
y a uno de sus hijos de veinte años.
Me habla de
sus nietos: quiere mucho a D., a A. a J.A., a todos y cada uno de ellos. Yo le
pregunto en tono de broma “¿y a mí me quieres, Manuela?”, entonces a ella le
sale una risilla traviesa, abre los ojos todo lo que puede (que no es mucho), me señala insistentemente con el dedo
y me dice “tú eres mu dispuesta!!!”. Me
habla de dos de sus hijos, que viven con ella, algo tocados, los dos, “por las cosas de la vida”. Los primeros
días soñaba con ellos, los nombraba en sueños, sabiendo que la necesitan, y yo la oía. Por la mañana sus
hijos la llaman por teléfono para preguntarle sobre la compra del día. Ella les
dice: “comprar longaniza de la güena, de la que os compro yo”. Ellos la
obedecen, y siguen, en la distancia, sus instrucciones.
Manuela,
hace años, tuvo a su marido ingresado en un hospital de Madrid, y al mismo
tiempo a uno de sus hijos en otro hospital en la otra punta de la ciudad, y se
cruzaba varias veces al día Madrid entero para atenderles a los dos. Me
cuenta que ha trabajado mucho y también que tenía “un tipo pa quitar el hipo, por eso yo me arreglaba y he presumío to lo
que he podío”. Y hace la intención de mover lo que es su día fue una
cinturita, un gesto gracioso que nos hace reír.
Manuela en
la noche me pide agua con ese hilillo de voz que en sus años debió ser
vozarrón. Mientras le pongo la pajita en la boca para que beba lentamente y a
sorbitos pequeños durante un largo rato, no deja de mirarme a los ojos todo ese
tiempo, con una mirada que parece lejana, casi perdida, los párpados medio caídos.
Pero no. Yo sé que al mirar mis ojos ve mucho más allá, ve lo que mucha gente
no sabrá ver jamás, porque Manuela es una mujer sabia, con esa sabiduría de la
sencillez del día a día bien trabajado, de cada día ganado con el esfuerzo de
los huesos y el coraje, pero también de la generosidad espontánea y natural.
Con la entrega total.
Y a mí, que
siempre me gustó leer y estudiar, a mí que me gustó siempre aprender cosas, y
pensé que sabía muchas e importantes, me ha enseñado lo que de verdad es
importante en la vida: El cariño de los suyos. Y suyos son todos los que le
rodean y son buenos, porque ella sabe ganarse, aun sin proponérselo, el corazón
de todos.
Manuela es
una lección de vida y será una lección de muerte. Un día se dormirá dulcemente
y seguirá soñando, como lo hace estos días, con lo valioso de su vida, con la
gente a la que quiere, con las personas a las que ha entregado toda su vida y
con todas aquellas que le han dado algo, aunque sea mínimo, porque ella sabe agradecerlo todo y no quiere molestar, dice.
Manuela:
Cuánto aprendo de ti. Cómo te has grabado en mi corazón!
miércoles, 8 de febrero de 2012
Carta III
Nunca sabré nada de ti,
y eso lo supe
desde el primer encuentro.
Esta certeza tiene tanta fuerza
que es
como si tuviera noticias tuyas
a cada momento
Clara Janés
(Entrada Programada)
viernes, 3 de febrero de 2012
Retazos
Nunca puede el frío ni el recuerdo
Nunca puede el cuervo ni el viento
Que no te paren.
Jamás!
Porque tienes firmado contrato con tu corazón
Y lo más revolucionario es amar, sentir, recordar...
Como ahora pienso.
Lo dice mi amigo "Marinero" (Gracias)
"El primer surco de hoy será mi cuerpo.”
Claudio Rodríguez en “Canto del despertar”
jueves, 2 de febrero de 2012
El crimen de cada día
"Alguien,
no viste quién, abrió la puerta, y saliste con toda la vitalidad con que te fue
posible hacerlo, pensando que la libertad estaba enfrente y que te daban por
fin la posibilidad de disfrutarla. Obviamente, no la encontraste: contra lo que
esperabas, sólo hallaste un lugar más espacioso, paredes infranqueables, y
varios hombres a los que hasta entonces jamás habías visto, con la crueldad
dispuesta y el más feroz de los sadismos preparado. Después, fueron quince minutos,
veinte tal vez, de auténtico martirio, en los que tuviste ocasión de conocer
sobre tu cuerpo la violencia, y supiste del terrible extremo a que es capaz de
llegar en su brutalidad el hombre, de forma arbitraria y sin razón alguna que
además lo justifique. Quizá, es probable, te preguntaste por qué lo hacían,
cuál era la auténtica razón de que te torturaran de ese modo, o quizá, quién
sabe, no llegaste a preguntarte nada, pues, como ellos decían, ni sufrir
podías, y pensar era una función para la que sólo ellos estaban capacitados.
Después, cuando se cansaron, viste que uno de ellos, el más cruel posiblemente,
se paraba frente a ti con su arma preparada, y tuviste la impresión de que el
momento del fin estaba próximo. No dudaste: esperanzado, te arrancaste contra
él con las pocas fuerzas de que disponías, y respiraste tranquilo al sentir en
tu cuerpo la llegada de la muerte, el borbotón de sangre que, viniéndote de muy
dentro, te inundó de golpe las fauces, desbordando generoso la glotis y la
garganta. Después no sentiste más, caíste al suelo como un fardo, y un clamor
unánime atronó el ruedo, pidiendo, con rara y terrible unanimidad, que te
cortaran las dos orejas y el rabo."
Carlos
Alfaro, microrrelato
Pensaba "dedicárselo" al Ministro de Educación,
Cultura y Deporte, que hoy ha decidido “poner en valor” la fiesta taurina
concediéndole más ayudas económicas, mientras la educación pública, la sanidad,
y otros servicios sociales de primera necesidad se ven cada vez más desatendidos
por el gobierno actual. Sr. Ministro, como decía mi abuela: “Lo primero va
antes”.
Pensaba dedicárselo, decía, pero no lo voy a hacer.
No creo que esta perla literaria, artística y cultural la pueda entender y
valorar un ministro que, siendo de Cultura, la menosprecia de tal manera. Me
pregunto si a él le gustaría sentirse en la “piel del toro”.
miércoles, 1 de febrero de 2012
In memoriam
Bajo una pequeña estrella
Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado
por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño
a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica
porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas
y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.
Wislawa Szyborska (Versión de Abel A. Murcia)
domingo, 29 de enero de 2012
jueves, 26 de enero de 2012
los ojos del asombro
VENGO A DEJAR MI INOCENCIA
A Salvatore
Ravo, viajero de la luz
Sólo llevaré para el camino de regreso
los ojos del asombro.
No quiero saber por dónde vine
ni la ruta que me espera.
Quiero ignorar los límites.
Todo tiene que ser desconocido
no para después nombrar las cosas
sino para escapar de la memoria.
Nominar es matar.
El árbol desconocido
será siempre un misterio.
Cuando se dice roble
se está diciendo silla, mesa,
recipiente de vino.
Existo porque no sé quién soy
es imposible encontrarme
tras las letras de un nombre
no pertenezco a una casa
ni a una ciudad, ni a un país
ni siquiera al mundo.
Este es mi último viaje como dador
como portador de algo
como reclamante.
Intento dejar aquí mi inocencia
para recorrer los caminos
sin esa luz,
entre verde y dorada, de la infancia.
Saldré de esta noche
y el sol de la mañana no podrá
dibujarme.
no seré ni alto ni pequeño,
ni moreno ni blanco.
Nadie podrá decir si mis pasos me
llevan
o si son los sitios, los límites los
que se mueven.
No me importará llamar la lluvia
no hurgaré en el corazón de los cactus.
Si alguien quiere preguntar
el momento es ahora.
Cuando vuelva la espalda
no habrá huellas, ni canto, ni humedad.
Waldo Leyva en “Asonancia del tiempo”
domingo, 22 de enero de 2012
Viento de seda
Que el azar me lleve hasta tu orilla,
ola o viento, que tome tu rumbo,
que hasta ti llegue y te venza mi ternura.
Darío Jaramillo Agudelo
ola o viento, que tome tu rumbo,
que hasta ti llegue y te venza mi ternura.
Darío Jaramillo Agudelo
viernes, 20 de enero de 2012
Desafío
Peter Brueghel, El Viejo "Parábola de los ciegos"
EL SEVERO DISCURSO DE LAS IDEOLOGÍAS
El verdadero mito era yo, detrás de la cámara
- Josef von Sternberg-
… Uno se siente atado por la miseria, impedido de
participar en esta u otra obra, o ciertas cosas necesarias están ya fuera de mi
alcance. A cause de esto, no se pude dejar de sentir melancolía y se siente
entonces un vacío donde debería haber amistades y afectos fuertes, y se siente
un terrible descorazonamiento comiéndonos hasta la misma energía moral, y la fatalidad
parece que pone una barrera a los instintos afectivos y sentimos cómo una
oleada de asco sube en nosotros, hasta hacernose exclamar: ¿Hasta cuándo?
-de una carta de Van Gogh a su hermano-
-Lo de Hungría fue muy hermoso. Ahora sobrevivo…
Bueno, me gusta mi trabajo, eso es todo
-Bela Lugosi-
Al morir, sale por la boca de todo hombre un ser
llamado “yulio”
-de un hechicero sudamericano de cuando la Conqista-
IN
MEMORIAM
HÖLDERLIN
Cuando mi vida esté
madura
Como un fruto ya
libre para desprenderse
Cuando todos los
sueños me abandonen
Sólo pida un día
más para mi cuerpo
Entonces oh Memoria
Sé indulgente
Nostalgia de tu río
Inunde estas
riberas
Perdidas
Mas no para crear
Depósitos de olvido
Sino para oficiar
el Desafío
José Mª Álvarez en “Museo
de cera” Pag. 133 ó 139
Madrid, febrero de
1970
*Las erratas
figuran literalmente en el original
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