"Tightrope-dancer" de Kees Van Dongen
MI ADOLESCENCIA O CÓMO ME CONVERTÍ EN RENTISTA
Fue el año del cometa. Todo pasó muy rápido, pero todo era hermoso. Yo comprendí que la lluvia es una muchacha con muchos siglos de edad, que nunca pudo creer, y que por eso viene a vernos en las horas más dulces. Comprendí que la música era un cuerpo, jeunesse, aguas donde creció la catedral del verano. Encontré mis poemas en los árboles, en los barrios oscuros, en las cantinas del amor fingido. ¡El teatro en los tiempos de Clarisa! Y las calles me parecían un país extranjero. Y el deseo, la luna de Laforgue. Fue el año del cometa. Las palabras volaban de repente. Detrás de cada amigo había un ángel. Los profesores salían del instituto flotando, tendidos sobre una nube. Decían adiós con la mano. Y en las clases las muchachas - passer, passer, puella - sostenían un pájaro, un clavel de cristal. Parecían princesas. Nuestra casa aburrida se había vuelto un palacio, decoración colonial, un pueblo belga, obtuso en la colina, un barco que encalló para siempre en la luz. Y yo, que había amado tanto y había visto fundar ciudades en el cielo, comprendí que el alma es sensible. ¡Hijo, vuelve a casa! Supe que la belleza existe. Y que el aire nos quiere.
Sucedieron muchas cosas aquel año. Fue el año del cometa. Todo era hermoso y todo nos dolía. Y quizá todo estaba destinado a perderse.
Pero yo desperté junto a un cofre de estrellas.
José Luis Rey en "Volcán vocabulario", Visor de poesía







