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miércoles, 5 de octubre de 2011

El cofre del tesoro



Por necesidad, seguramente por necesidad, o así quiero pensarlo, regresan de nuevo a mí unas cajas que permanecían dormidas, en lo oscuro, que nunca en el olvido. Contienen la mayoría de los libros que he ido atesorando durante tantos años. Los voy abriendo poco a poco, con cuidado y con una gran emoción. Saco cada volumen, lo miro, lo acaricio, lo repaso. Cada libro me trae unos recuerdos, sentimientos, historias inventadas tan reales, tan vividas. Mucho que pensar. Sin duda emocionante, muy emocionante, ma non troppo. Durante unos años he estado sin querer imaginar qué sentiría cuando llegase este momento. Y lo que siento es que, por primera vez durante estos últimos años, estoy en mi sitio ¿Por qué no habría de estarlo si están aquí el tesoro de mis libros y la sangre de mi sangre? Sin embargo, aún hay sueños y deseos por cumplir. El día que no los haya estaré perdida para siempre… y sin remedio. Como muerta. La esperanza, ahora sí, perdida. Espero que no para siempre.

Recupero Stendhal y “Rojo y Negro”, Thomas Mann y su “Montaña mágica”, Tabucchi y “Sostiene Pereira”, mis “Flores del mal” que son las de Baudelaire, Emily Dickinson, Samuel Beckett, mi querido Gabo, León Felipe…. Sólo he abierto una de las cajas del botín del tesoro, y me emociona pensar lo que descubriré en las demás.


domingo, 2 de octubre de 2011

Allegro ma non tropo




En esas horas que el calor del sol
aflora el alma de las rocas
y, cabalgando sobre ellas, la vida se acomoda
en los muslos y en las yemas de los dedos,

todo lo que quiero es algo grande,
y agradezco esa belleza que hiere e incomoda,
y el silencio de los hombres me es indiferente,
y me entrego a las exigencias del corazón

como quien cruza una noche sin deseo,
como si conociera el camino,
como si hubiera desatendido mis sueños,
como si la victoria se hubiera entregado sin esfuerzo.

Juan Massana en "Huésped de tu voz"

Música cautiva




                   
                      A dos voces

"Tus ojos son los ojos de un hombre enamorado;
tus labios son los labios de un hombre que no cree
en el amor," "Entonces dime el remedio, amigo,
si están en desacuerdo realidad y deseo."

Luis Cernuda







viernes, 30 de septiembre de 2011

Otoño


"Cuatro árboles" de Egon Schiele

hoy
las hojas muertas
iban más rápido que yo



Henri Meschonnic

jueves, 29 de septiembre de 2011

No amanece




                                                                            Pasan los días y no amanece 
José Antonio Llamas


Hoy se produjo esa imprecisión a la que pongo tu nombre.
Temí que no volviera a amanecer y se diluyeran tus huellas.
Sabes que en la cordura hallo en ti mi vereda.
Sin tener certidumbre de la proximidad del alba
Tu perfil difumina mis cavilaciones.

Mañana, esa indefinición de tu faz en el agua,
Y el dolor de tus labios,
Un futuro que se devora en eterna noche.

Tu partida desata mi mente de la tierra.

Juan Pedro Fernández Blanco

lunes, 26 de septiembre de 2011

la luz se oía

mark rothko

(...)
Toda la luz se oía
igual que el merodeo de las olas
dentro de él.

(...)

Luis Muñoz

sábado, 24 de septiembre de 2011

Biografía




Atesoró recuerdos temeroso
de su pobreza íntima:
el billete de un viaje en autobús
con su mejor amigo a una playa recóndita,
la caja de cerillas de un hotel
donde se amaron con temor y con furia,
una foto de carnet con la marca grabada
de unos labios intensos
o una pulserita de cuero
que le anudó una chica en una fiesta oscura.

Los recuerdos se hicieron un vapor enseguida.
Tuvo luego otros
que le colmaron de imágenes
y le abrumaron con distancias
y quiso desprenderse de sus lazos
de afecto, de sus trampas cálidas,
de sus mensajes sin orilla.

Claro es que fue en vano. Y que al hacerle falta
les añadió veneno y miel y tuvo para ellos
ocasión y aventura, capítulos muy largos,
un destino inefable.

Luis Muñoz en “Manzanas amarillas”

miércoles, 21 de septiembre de 2011

The way





Formas de vida

"He renunciado a la felicidad
por perseguir un mundo imaginario",
dijiste con los años.
No te creí.
Ni renunciaste a un cierto modo
de la felicidad, tan parecida
a un mundo imaginario,
ni la pensaste nunca al otro lado
de aquello que se busca.

Tampoco yo,
que me subí a sus barbas
y que estuve cruzado por cielos tortuosos,
llegué a pensar así, como tú suponías.

Pero recuerdo siempre tus palabras
cuando quiero un camino de retorno.
Ellas me hacen volver sin demasiado esfuerzo
y me anuncian los lindes del cansancio.
Muerden además
y a lo largo del tiempo no han perdido
la amargura dulce de aquella cercanía,
ni el fervor apagado,
ni la señal que dobla en cada página
una lección inversa.

Luis Muñoz en "Manzanas amarillas", 1995

martes, 20 de septiembre de 2011

Comunicantes




El olvido, que come de mí mismo
y que come mi mano,
debe saber también,
igual que un cisne,
que le persigue siempre una pregunta,
un ¿ahora qué? que hace temblar
un resto de raíz en la memoria.

Le quiero igual que a una libreta nueva,
igual que a todo aquello que no me obedece
pero me interesa y le intereso.
Le temo igual.

Luis Muñoz en "Querido silencio"

sábado, 17 de septiembre de 2011

El gran cariño


En el aniversario de la muerte de mi abuela Enriqueta, a la que tanto quisimos y admiramos. De la que tanto aprendimos.





El abrazo siempre necesario y
la palabra esperada siempre.
La sonrisa tierna y generosa
el regazo envolvente amparo
y el cariño serenidad de fruta madura.
Una triste alegría:
La de estar todos juntos
incluyendo, siempre, las ausencias
tan presentes…

Los girasoles y las rosas.

Así era ella.
Casa, ella era casa. Dulcemente.
El refugio acogedor e imprescindible.



 
Su imagen me sigue curando, como cuando era niña y tenía fiebre. Lamento que tuviera, durante toda su vida, el miedo pegado a los huesos. Pero era inevitable.
A ella debo, también, mi amor a los libros, a la palabra, a los relatos. Y la atenta mirada puesta en los demás.
Yo quería ser como ella y no lo he conseguido.
Siempre conmigo. Mi agüelita.