El día de mi cumpleaños empezó con los pájaros
acuáticos y con los pájaros de alados árboles, que enarbolaban mi nombre
sobre las granjas y los blancos caballos;
Y me levanté
(…)
Me aparté del país jubiloso
y bajando por otro aire y por el cielo, de un azul ya mudado,
chorreaba de nuevo una maravilla de estío,
con manzanas,
peras y rojas grosellas;
y tan claramente vi, en el rodar del tiempo, aquellas mañanas
olvidadas de un niño que con su madre iba,
paseando entre parábolas
de luz de sol
y leyendas de verdes capillas,
y por los campos de la niñez, ya dos veces contados,
que mis mejillas quemaron sus lágrimas y su corazón sentí moverse en el mío.
(…)
Ah! Que pueda cantarse
la verdad de mi corazón todavía,
en este cerro elevado, cundo dé el año otra vuelta.
Dylan Thomas












