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Espagnola un libro de poesía (como suele pasarme, no me pude resistir).
José Luis Rey es un poeta
cordobés (Puente Genil, 1973) y habla de colores, de cielos, de mares, de luz, de lluvia,
de nubes, de la palabra, de la belleza, de la verdad (¿existe?). Repetiré de
nuevo aquella cita de Keats: “sólo la belleza es verdad”. Pero la belleza
también es subjetiva. Se presta tanto a la percepción personal de cada cual…
Si algo te hace erizar la
piel, si te hace reír o llorar, si te dibuja destellos de luna en los ojos… En
definitiva, si te hace sentir intensamente, eso es belleza: La única verdad que
me mueve, la única verdad en la que creo.
País cercano
Quien sólo quiere amar, ¿qué necesita?
Y se va por el mundo y vuelve un día.
Y vemos que en sus ojos hay tesoros,
un mar dorado, un sol inasequible,
tan fuerte como él y desbordándose.
Y vuelve rico al fin. Y la mañana
con su tambor azul lo va anunciando.
Y vuelve el hombre de un país cercano,
del país de la luz. Y hasta la envidia
le saluda, salvada para siempre.
Cielo desde la autovía
Las horas del cielo
(...)
Recuerdo las horas del cielo.
Y el agua devorando tantas páginas,
aquel libro de versos de mi vida.
Y las nubes, tan bellas sobre las cosas.
Recuerdo las horas del cielo
en que fuimos eternos.
El día en que volvamos
Será azul y tendrá torres de trigo
y barcos por los aires de los álamos
y estrellas hechas por el dolor más verde
y un colegio de pinos y de pájaros.
Pues se aprende a volver
por un camino de agua, muy callados,
casi de noche, por detrás del sol,
volando sin querer, como jugando.
Y qué sorpresa al aire le daremos.
Y qué asombrado quedará el verano.
Casi dormidos, sí, pero aquí estamos.
Nos supimos guiar por la belleza
que brillaba aquí abajo.
Y sin duda será como ayer grande
el día misterioso en que volvamos.
A orillas del gran silencio
9
Al borde de una rama la luz se ha detenido.
Así acaba este libro,
esta tarde tejida bajo el cielo.
10
(...)
Pero no puede ser: la poesía
tiene cuerpo también y toma forma humana.
Y al abrir los ojos cayó la palabra.
Calló la palabra.
En la última página del cuerpo
la palabra fue luz.
José Luis Rey en "La luz y la palabra, II"