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lunes, 4 de julio de 2011

discúlpame






No quisiera que lloviera
te lo juro
que lloviera en esta ciudad
sin ti
y escuchar los ruidos del agua
al bajar
y pensar que allí donde estás viviendo
sin mí
llueve sobre la misma ciudad.
Quizá tengas el cabello mojado
el teléfono a mano
que no usas
para llamarme
para decirme
esta noche te amo
me inundan los recuerdos de ti
discúlpame,
la literatura me mató
pero te le parecías tanto.

Cristina Peri Rossi en“Diáspora” 1976

viernes, 1 de julio de 2011

La vida

Alguien me escribió una vez, en la dedicatoria de un libro: “La vida es una improvisadora perfecta, que atesora en cada recodo encuentros insospechados”.
Desde entonces he caminado por la vida mirando bien en todos los recodos para ver qué  imprevisibles encuentros me guarda cada uno: tesoros, verdaderos tesoros.
Comienzo una nueva etapa, seguiré mirando y, segura estoy, la vida me seguirá sorprendiendo con encuentros maravillosos.
Hoy he recibido otra dedicatoria, esta vez se trata de una canción. Alguien joven me quiso dedicar una canción de mi época, de nuestra época. Entrañable el encuentro imprevisible con mi “Pipi” que me guardaba la vida.

La canción:






Gracias Pipi, yo también te quiero. Y gracias por la risa y el cariño.



A menudo me recuerdas a alguien,
tu sonrisa la imagino sin miedo.
invadido por la ausencia
me devora la impaciencia,
me pregunto si algún día te veré.
ya sé todo de tu vida y sin embargo
no conozco ni un detalle de ti.
el teléfono es muy frío,
tus llamadas son muy pocas.
yo sí quiero conocerte y tú no a mí.
por favor.
dame una cita
vamos al parque,
entra en mi vida,
sin anunciarte.
abre las puertas,
cierra los ojos,
vamos a vernos,
poquito a poco.
dame tus manos,
siente las mías,
como dos ciegos,
santa lucía, santa lucía, santa lucía.
a menudo me recuerdas a mí.
la primera vez pensé se ha equivocado,
la segunda vez no supe qué decir,
las demás me dabas miedo,
tanto loco que anda suelto
y ahora sé que no podría vivir sin ti.
por favor...

miércoles, 29 de junio de 2011

De vez en vez



De vez en vez, la tristeza.

No esa tristeza dulce y húmeda que empaña los cristales en las tardes de invierno.

Me refiero a la tristeza que amarga en la lengua. Hablo de la tristeza que madura lentamente en el panal del corazón.

De pronto nos inunda como la luz de un farol negro. Como el ladrón que nos aborda en un recodo del camino.

Amarga por lo antigua y por lo intensa. Quema como resina vertida en el dolor.

Es la tristeza que queda como poso del olvido.

Julio Llamazares

lunes, 27 de junio de 2011

una palabra



Hallaré una palabra
que detenga tu cuerpo y le dé vuelta,
que contenga tu cuerpo
y abra tus ojos como un dios sin nubes
y te use tu saliva
y te doble las piernas.
Tú tal vez no la escuches
o tal vez no la comprendas.

No será necesario.
Irá por tu interior como una rueda
recorriéndote al fin de punta a punta,
mujer mía y no mía,
y no se detendrá ni cuando mueras.


Roberto Juarroz

viernes, 24 de junio de 2011

el amor de los otros

Hoy he escrito a algunas personas una carta no de despedida. Sólo comunicaba mi cambio de sitio y de actividad, y les daba mi correo para no perder el contacto, para que pudiesen decirme cuando necesiten algo de mí, o simplemente un saludo cuando acuda el recuerdo.
Me ha sorprendido, y emocionado, la inmediatez de algunas llamadas, las muestras de cariño, los buenos deseos de todos, las gracias recibidas, y el querer estar ahí siempre.
He recibido un “te quiero” de una de las personas más serias que conozco, y que guarda muy celosamente, tras esa seriedad, una de las sensibilidades más exquisitas. Estoy segura que no le sale un “te quiero” con facilidad, por eso lo aprecio tanto.

Tengo que agradecer de nuevo a la vida, a los amigos y compañeros. Esta vez no sin un nudo en la garganta, y sin alguna lágrima que no puedo contener.

GRACIAS, buenas gentes del mundo. Yo también os quiero.


Tomo prestada la voz del poeta:

EL RUMBO DE LOS DÍAS

No soy de los que deciden el rumbo de los días,
los dejo pasar, confío que serán siempre favorables.
No me asusto ni me asombro cuando me equivoco.
A veces, pocas veces, intento obligar las cosas
y lenta, suavemente, con terquedad tranquila,
voy poniendo cada piedra en su sitio.

Soy una mezcla
de inseguridad e inalterable rumbo.
Nadie sospecha el pavor que antecede
mi primera palabra.

Engaña el gesto seguro del discurso.

Temo a la noche, al olvido, a la traición.
Provoco la infelicidad, es mi costumbre,
pero busco, por encima de todo,
el amor de los otros.

Waldo Leyva en “El rumbo de los días”



jueves, 23 de junio de 2011

el sino



EL ALMA en armonía, a solas
quiere vivir junto a lo amado,
con el silencio que una rosa
     se entreabre en su ramo.

El alma en desacuerdo, a solas
debe morir junto a lo extraño,
con el silencio que una rosa
     se deshoja en su ramo.

Luis Cernuda en "Vivir sin estar viviendo"

martes, 21 de junio de 2011

la herida

Confieso que [no sé si he vivido] siento, desde siempre, una marcada debilidad por los artistas marginales, los proscritos, los malditos.
Se ha dado en llamar así a aquellos que no han seguido el conocimiento, ni el pensamiento, ni la estética heredados e impuestos. O al menos no lo han seguido del todo, ya que es difícil, casi imposible, saltar por encima de ese lastre.
Leo ahora los poemas de Chantal Maillard, publicados por Tusquets en su coleción "Marginales" (Nuevos textos sagrados). Y esa marginalidad desheredada me sigue gustando.


Fantin Latour


25

Y ahora, cuando estamos a punto de acabar,
tal vez usted pueda decirme
por qué se queda a oscuras la ciudad
cuando el sol cae oblicuo
como una lanza,
                         y es verano.


26

Mejor no diga nada.
Sería inútil. Ya ha pasado.
Fue una chispa, un instante. Aconteció.
Yo acontecí en ese instante.
Puede que usted también lo hiciera.
Suele ocurrir con los poemas:
terminan condensándose las formas
en nuestros ojos como el vaho
sobre un cristal helado;
las formas, con su herida.
Pues quien construye el texto
elige el tono, el escarnio,
dispone perspectivas, inventa personajes,
propone sus encuentros, les dicta los impulsos, 
pero la herida no, la herida nos precede,
no inventamos la herida, venimos
a ella y la reconocemos.

Chantal Maillard en "Matar a Platón"




"Y en ese instante está el universo entero."

domingo, 19 de junio de 2011

Volver

E. Munch


Como quien reconoce una derrota
que no merecía, has vuelto a poner
inocentemente tus ojos
en la desesperanza,
en las cosas que oprimen desmedidas
un corazón vencido,
en las que niegan
el aliento desnudo del recuerdo.
Tus ojos humillados, condenados
a la sola certidumbre del día
que no acaba, asumen su renuncia
de todo lo perdido y humedecen
el gesto, la mirada
imposible que engendra la tristeza,
que te acerca a la muerte.

Volver es como un largo
silencio abandonado,
huella de un cuerpo trunco
que ha cumplido su ciclo,
un grito adentro
que casi nadie escucha.

Ángel Campos Pámpano


Recuerdo




Este nombre que apenas
me suena ya en los labios
debió quedarse al cabo de los mares...

Que en los acantilados,
donde las olas quiebran mi silencio,
va poniendo sus letras en un marco
lejano que le traza el horizonte.

Pero es el aire, acaso,
el que sabe los nombres más hermosos
y los mece, con lirios, en sus manos.

Y es el aire distante de la ausencia...

Hasta entonces no supe
lo que vale la luz cuando se encuentra.

Javier Egea en "Serena luz del viento"

jueves, 16 de junio de 2011

Pero

Enséñame una sonrisa sin misterio
y te explicaré qué es la aflicción.
Enséñame una lágrima sin misterio
y presentiré qué es la alegría...

Pero este mero deseo debería ser
una pregunta sin lenguaje en la tierra.

Vladimír Holan

Para una persona muy querida que se me ha ido hoy, y que me ha enseñado, sin misterios, lo que es la esencia de la vida y del cariño.
Para Diego y María Jesús: la esencia del amor verdadero.