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domingo, 17 de abril de 2011

brindis de luna



Alzo mi copa llena de luna llena
para brindar por esta luz de fino azul plateado
y brindo
por los tiempos felices y los sueños eternos
por amores hallados y perdidos.
Porque amores son amores.

Y ebria de LUNA cantaré.
Cantaré
con el corazón suspendido
y los sentidos en celo
celebrando el grito de esta Luna.

Se arrodillan las estatuas
ceden las nubes su sombra
abren los edificios sus ojos amarillos
las fontanas llueven hacia arriba y
abrazan las ramas el viento orgulloso
de una ciudad que nada calla.

Grita la luna y lo olvido todo.

Desde ese espejo iluminado mana el deseo
sonrisa de la sangre
que nace profunda y consuela
cuando mirando su vuelo certero
me siento en paz y libre, ilusionada
y soy ala y soy pluma.

Bondad
porque brilla con el perdón en los labios
y todo el amor en sus manos.

Así, alzo mi copa llena de luna llena
y brindo por lo ganado y lo que vendrá
por lo que no hemos perdido y lo que será por siempre.

Y ganaremos y cantaremos.
Y brindaremos.


Para mi niña Bea, la chica de la luna.
Porque te quiero libre y libre te quiero. Con todo mi cariño.

Y, con tu permiso y porque sé que así lo quieres, Bea, tan humana, tan solidaria, tan generosa que te sé: Para todos los amantes de la luna, que cada vez son más.
Besos

viernes, 15 de abril de 2011

Yo sé




Yo sé
que el tierno amor escoge sus ciudades
y cada pasión tiene un domicilio,
un modo diferente de andar por los pasillos
o de apagar las luces.

Y sé
que hay un portal dormido en cada labio,
un ascensor sin números,
una escalera llena de pequeños paréntesis.

Sé que cada ilusión
tiene formas distintas
de inventar corazones o pronunciar los nombres
al coger el teléfono.
Sé que cada esperanza
busca siempre su camino
para tapar su sombra desnuda con las sábanas
cuando va a despertarse.

Y sé
que hay una fecha, un día, detrás de cada
calle,
un rencor deseable,
un arrepentimiento, a medias, en el cuerpo.

Yo sé
que el amor tiene letras diferentes
para escribir: me voy, para decir:
regreso de improviso. Cada tiempo de dudas
necesita un paisaje.

Luis García Montero en "Diario Cómplice"

jueves, 14 de abril de 2011

pienso

"Se dice que hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos. Porque los hechos son siempre vacíos, son recipientes que tomarán la forma del sentimiento que los llene."

J.C. Onetti

martes, 12 de abril de 2011

Un muerto antigo



Hace unos días me encontré con un vídeo de Eduardo Galeano leyendo las últimas frases de este fragmento de un cuento de Onetti: "El Pozo". Hoy, buscando otras cosas, me he vuelto a encontrar con el texto y, como creo necesariamente en las casualidades, no he tenido más remedio que publicarlo aquí. Además el texto es muy bueno y da mucho que pensar. Espero que os guste.


(…)
"El amor es algo demasiado maravilloso para que uno pueda andar preocupándose por el destino de dos personas que no hicieron más que tenerlo, de manera inexplicable. Lo que pudiera suceder con don Eladio Linacero y doña Cecilia Huerta de Linacero no me interesa. Basta escribir los nombres para sentir lo ridículo de todo esto. Se trataba del amor y esto ya estaba terminado, no había primera ni segunda instancia, era un muerto antiguo. Qué más da el resto. Pero en el sumario hay algo que no puedo olvidar. No trato de justificarme; pueden escribir lo que quieran las ratas del juzgado. Toda la culpa es mía: no me interesa ganar dinero ni tener una casa confortable, con radio, heladera, vajilla y un watercló impecable. El trabajo me parece una estupidez odiosa a la que es difícil escapar. La poca gente que conozco es indigna de que el sol le toque en la cara. Allá ellos, todo el mundo y doña Cecilia Huerta de Linacero.
Pero en el sumario se cuenta que una noche desperté a Cecilia, “la obligué a vestirse con amenazas y la llevé hasta la intersección de la rambla y la calle Eduardo Acevedo”. Allí, “me dediqué a actos propios de un anormal, obligándola a alejarse y venir caminando hasta donde estaba yo, varias veces, y a repetir frases sin sentido”. Se dice que hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos. Porque los hechos son siempre vacíos, son recipientes que tomarán la forma del sentimiento que los llene.
Aquella noche nos habíamos acostado sin hablarnos. Yo estuve leyendo, no sé qué, y a veces, de reojo, veía dormirse a Cecilia. Ella tenía una expresión lenta, dulce, casi risueña, una expresión de antes, de cuando se llamaba Ceci, para la que yo había construido una imagen exacta que ya no podía ser recordada. Nunca pude dormirme antes que Pila. Dejé el libro y me puse a acariciarla con un género de caricia monótona que apresura el sueño. Siempre tuve miedo de dormir antes que ella, sin saber la causa. Aún adorándola, era algo así como dar la espalda a un enemigo. No podía soportar la idea de dormirme y dejarla a ella en la sombra, lúcida, absolutamente libre, viva aún. Esperé a que se durmiera completamente, acariciándola siempre, observando cómo el sueño se iba manifestando por estremecimientos repentinos de las rodillas y el nuevo olor, extraño, apenas tenebroso, de su aliento. Después apagué la luz y me di vuelta esperando, abierto al torrente de imágenes.
Pero aquella noche no vino ninguna aventura para recompensarme el día. Debajo de mis párpados se repetía, tercamente, una imagen ya lejana. Era precisamente, la rambla a la altura de Eduardo Acevedo, una noche de verano, antes de casarnos. Yo la estaba esperando apoyado en la baranda metido en la sombra que olía intensamente a mar. Y ella bajaba la calle en pendiente, con los pasos largos y ligeros que tenía entonces, con un vestido blanco y un pequeño sombrero caído contra una oreja. El viento la golpeaba en la pollera, trabándole los pasos, haciéndola inclinarse apenas, como un barco de vela que viniera hacia mí desde la noche. Trataba de pensar en otra cosa; pero, apenas me abandonaba, veía la calle desde la sombra de la muralla y la muchacha, Ceci, bajando con un vesttido blanco.
Entonces tuve aquella idea idiota como una obsesión. La desperté, le dije que tenía que vestirse de blanco y acompañarme. Había una esperanza, una posibilidad de tender redes y atrapar el pasado y la Ceci de entonces. Yo no podía explicarle nada; era necesario que ella fuera sin plan, no sabiendo para qué. Tampoco podía perder tiempo, la hora del milagro era aquella, en seguida. Todo esto era demasiado extraño y yo debía tener cara de loco. Se asustó y fuimos. Varias veces subió la calle y vino hacia mí con el vestido blanco donde el viento golpeaba haciéndola inclinarse. Pero allá arriba, en la calle empinada, su paso era distinto, reposado y cauteloso, y la cara que acercaba al atravesar la rambla debajo del farol era seria y amarga. No había nada que hacer y nos volvimos."
(…)

Juan Carlos Onetti en "El Pozo"

domingo, 10 de abril de 2011

regreso

Quisiste perderte y te dejé ir
y ahora regresas
erguido y nuevo
desarmado
sabiendo que es lo mejor
que pudimos hacer.

Monalisa

viernes, 8 de abril de 2011

estrellas



En la noche, desnuda, rotan sobre tu carne
repentinas estrellas;
circunvalan el aro de tu ombligo
visten el verde de tu risa,
la luz de tu alegría.
Estrellas en tus hombros, tu cintura,
estrellas en tu sexo,
titilan llenándote los ojos, los cabellos.
Algunos no han nacido y son visibles,
otras ya se extinguieron, pero alumbran.
Te siguen en la sombra, te acompañan,
son ávidas, errantes, cariciosas
giran sobre el silencio de tu cuerpo,
hallan en ti su bóveda, su casa
viajan en la constelación de tu deseo

Eugenio Montejo

jueves, 7 de abril de 2011

verte




"¡Sí, soy real, gritó Alicia"
Lewis Carrol


Qué joven eres, Dios mío, qué joven
eres.
Como la luz que se filtra en la lluvia
y abre con manos puras paso al sol.
Como esas noches largas, cuando ya
uno no espera nada, y suena el timbre.
Como a quien hacen un regalo,
sonreír,
no preguntar, no decir nada, sino
agradecer su favor a la vida,
y como el limpio placer de quien da
de comer a un pájaro, no intentar
atraparte, sino verte, verte y después
si vuelas y no vuelves,
que tu vuelo sea dichoso.

José María Álvarez en "Museo de cera"

miércoles, 6 de abril de 2011

XXI

Nuestros ojos intercambian su luz
Su luz y el silencio
Hasta no reconocerse
Hasta sobrevivir a la ausencia.

Paul Eluard en "El amor y la poesía"

lunes, 4 de abril de 2011

El infinito

Amanecer después del naufragio (W. Turner)


Canto XII. El infinito

Amé siempre esta colina,
Y el cerco que me impide ver
Más allá del horizonte.
Mirando a lo lejos los espacios ilimitados,
Los sobrehumanos silencios y su profunda quietud,
Me encuentro con mis pensamientos,
Y mi corazón no se asusta.
Escucho los silbidos del viento sobre los campos,
Y en medio del infinito silencio tanteo mi voz:
Me subyuga lo eterno, las estaciones muertas,
La realidad presente y todos sus sonidos.
Así, a través de esta inmensidad se ahoga mi pensamiento:
Y naufrago dulcemente en este mar.

Giacomo Leopardi

domingo, 3 de abril de 2011

es de verdad



La verdad de la mentira

Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas,
y una voz cariñosa le susurró al oído:
¿Por qué lloras, si todo
en ese libro es de mentira?
Y él respondió:
                       - Lo sé;
pero lo que yo siento es de verdad.

Ángel González en "Nada grave"