domingo, 27 de febrero de 2011
Tu nombre
Puse tu nombre a todo
a las flores del jardín
a los colores del arcoiris
a los vientos de todas las estaciones
a las farolas de mi calle
a los árboles de la ciudad
a los minutos de mi reloj
a la luz de de todos los astros
a las nubes con formas de ala
al olor de mar lejano
a los cordones de mis zapatos
a los cacharros de la cocina
al cenicero de mi escritorio
a mis ojos y a mis manos
a todo
y así, de a poco, sin darme cuenta
me fui olvidando de todas las palabras
y ahora…
ahora sólo sé decir tu nombre.
Monalisa
sábado, 26 de febrero de 2011
Una estrella
La última noche que pasamos juntos,
lo preguntó:
-¿Cuántas estrellas tiene el cielo?
- Trescientas cincuenta mil.
-¿A que no?
-¿A que sí?
- Cállate. Esta noche
no quiero que preguntes esas cosas.
Esta noche, si quieres preguntar
cuántas estrellas tiene el cielo,
o cualquier otra cosa,
pregunta algo así como ¿me quieres?
¿tienes frío? ¿quién dice que tiene hambre?
Esta noche, pregunta algo que sea
contestado en el mundo sin palabras.
Interroga con toda tu sangre
algo en que toda la vida del mundo
esté preguntando,
algo así como ¿quién llora?
¿hace falta algo?
Y verás como todo hace falta
y sabrás cuántas estrellas tiene el cielo
cuando sepas que el cielo tiene una sola estrella
para cada momento,
porque con una que se pierda
dará un paso de sombra la luz del Universo.
Andrés Eloy Blanco
miércoles, 23 de febrero de 2011
Afortunada
Tu t’en venais, rire des eaux, jusque’à ces aîtres du tercien.
Saint-Jhon Perse
Tú llegabas, risa de las aguas, hasta los atrios del hombre de tierra.
La vida demuestra que la experiencia personal es intransmisible. La experiencia colectiva, en cambio, no tiene por qué serlo, pues así como el humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, la Historia tropieza siempre en piedras distintas aunque se hallen en el mismo camino. La experiencia personal es singular y representa al Destino.
Un hombre pasea inquieto alrededor de su experiencia y medita. Ese hombre inquieto, tras un titubeo estratégico, apaga su pensamiento durante un momento y activa su mirada. Dos aves cruzan el horizonte. Admira su vuelo pausado y decidido. Todos los años pasan rumbo a un destino preciso, un viejo nido que renuevan cada vez. La experiencia, para ellas, es un camino recto. Todo cambio procede del exterior, de fuera de sí mismas; un viento contrario o favorable, una temperatura distinta, un bosque quemado que el año anterior verdecía, un hilo de agua nuevo o un cauce agotado… Ellas repiten sin desmayo el viaje y transmiten su experiencia natural a sus pollos, ya genéticamente, ya por aprendizaje. El ser humano carece de esa capacidad de recibir por transmisión su experiencia vital compleja, un conocimiento que ha de ser sustancial en su vida. Tan solo en el ocaso es posible que la inteligencia se aventure a reflexionar sobre la experiencia; pero la experiencia, entre los humanos, es personal, por eso es intransmisible. ¡Qué situación aciaga!: El rey de la creación incapacitado para asumir algo que a los animales les es natural; la experiencia de las cigüeñas, o la de los leopardos, no es personal sino colectiva, propia de la especie. Característico del ser humano es volver la mirada en el último tramo del camino: ahí queda la línea de su vida al descubierto. Entonces es siempre tarde, siempre se dice: si yo hubiera sabido… O: si yo tuviera ahora treinta años… Dinero, gloria, poder, sexo… ¿Por qué no acaban de ser una compensación ante la dolorosa contemplación de la luz en la decadencia? Pero queda lo que en verdad acompaña a los más afortunados, a aquellos que han conocido, por sentimiento, inteligencia, y esfuerzo, el amor verdadero.
José María Guelbenzu, prólogo de "El amor verdadero"
martes, 22 de febrero de 2011
Final
FINAL DE LA PELÍCULA “COSAS QUE NUNCA TE DIJE” de Isabel Coixet
Me dio pena porque la mujer de la que me hablaba no se parecía en nada a la Ann que yo había conocido. Y sé que es muy difícil dejar de querer a alguien a quien apenas has conocido.
Ahora viajo por todo el país vendiendo edificios para oficinas. Así no tengo que preocuparme por si la gente será feliz o no en ellos. Ya sé que no lo serán.
A veces me parece reconocer a Ann en alguna calle. Aunque si volviera a encontrarla deberíamos empezar de nuevo, claro.
Me hubiera gustado… Hay muchas cosas que me hubiera gustado decirle. Las cosas que no se dicen suelen ser las más importantes. Pero ¿acaso no es siempre así?
Me gustaría encontrarla para decírselo. Todo puede pasar ¿no?
Me dio pena porque la mujer de la que me hablaba no se parecía en nada a la Ann que yo había conocido. Y sé que es muy difícil dejar de querer a alguien a quien apenas has conocido.
Ahora viajo por todo el país vendiendo edificios para oficinas. Así no tengo que preocuparme por si la gente será feliz o no en ellos. Ya sé que no lo serán.
A veces me parece reconocer a Ann en alguna calle. Aunque si volviera a encontrarla deberíamos empezar de nuevo, claro.
Me hubiera gustado… Hay muchas cosas que me hubiera gustado decirle. Las cosas que no se dicen suelen ser las más importantes. Pero ¿acaso no es siempre así?
Me gustaría encontrarla para decírselo. Todo puede pasar ¿no?
domingo, 20 de febrero de 2011
La canción
Al borde del desierto, en el ribazo, con la lanza clavada en la arena, mientras yo estaba sobre la muchacha ella dijo una canción que pasó a mi boca y supe que venía desde la primera boca que había dicho una canción ante el rostro del tiempo para que llegara hasta mí y yo la clavara en otras bocas para que llegara hasta la última que diría una canción ante el rostro del tiempo.
Luis Britto García (Microrrelato)
miércoles, 16 de febrero de 2011
luna preñada
La luna preñada del todo
parirá en breve la primavera
huele a malvas la noche plena
y suena lento un son nuevo
para rendir a tus pies
la música de un bolero.
Quiero contarte tantas cosas
bajo esta luna sin complejos
que esté o no esté ella en el cielo
siempre que miro hacia arriba
te recuerdo y estás y te quiero.
Hoy la luna no se ve, aunque sé que está ahí. El cielo está cubierto y llueve sin parar. De todas formas tú lo llenas todo.
Besos, Chica de la luna.
martes, 15 de febrero de 2011
en el mar
Esta tarde y parte de la noche
volví a sumergirme en el espeso mar
donde flotamos los seres y las cosas.
Bajé por perlas que mostrar a los hombres
que temen siquiera el riesgo de la orilla.
Esta tarde y parte de la noche
estuve en ese silencio, en esas profundidades
donde el más infinito placer sería disolverse
y supe que en todos los caminos
hay monstruos para quien los teme.
Llegué nadando adonde no se ama ni se odia,
sencillamente se flota sobre un eterno presente
y todo lo que miras es tu contemporáneo:
nada más traen las olas del atrás y el adelante.
Tomé allí esta perla y ahora te la ofrezco.
Pero cuando quise volver,
no vi a ningún hombre en la orilla.
No vi orilla. Todo es el mar.
Esos que temen la orilla
no saben que caminan en el mar.
Luis Benítez
lunes, 14 de febrero de 2011
Gracias
He recibido en los últimos días un par de comentarios anónimos en los que, de forma poco respetuosa, se vierten algunas críticas sobre este blog.
Nunca he faltado el respeto a nadie, ni lo haré.
Tengo completa libertad y derecho a escribir lo que me apetezca y cuando quiera, siempre que guarde ciertas normas de respeto que, pienso, he mantenido. A quien no le guste esta página, tiene una solución muy fácil: NO abrirla.
No creo que merezca la pena darle más vueltas.
Gracias a los amigos que con respeto y cariño leen y opinan sobre lo aquí escrito. Es lo que le da vidilla a esto.
Abrazos.
Nunca he faltado el respeto a nadie, ni lo haré.
Tengo completa libertad y derecho a escribir lo que me apetezca y cuando quiera, siempre que guarde ciertas normas de respeto que, pienso, he mantenido. A quien no le guste esta página, tiene una solución muy fácil: NO abrirla.
No creo que merezca la pena darle más vueltas.
Gracias a los amigos que con respeto y cariño leen y opinan sobre lo aquí escrito. Es lo que le da vidilla a esto.
Abrazos.
sábado, 12 de febrero de 2011
de otra manera
UNA FELICIDAD LIBRE DE EUFORIA
Dame pobres placeres repetidos,
no un único diamante en la memoria
J.L. García Martín “A un díos desconocido”
Existe
una felicidad libre de euforia,
una felicidad
sostenida de días, que suceden
sin sucederse, libres
de vértigo también,
una felicidad que no atrae
la atención de los dioses, porque apenas
es. Los que la transitan,
paso a paso, no notan el camino.
Una felicidad sin entusiasmo,
sin acontecimientos. El amor,
como el sol en la fronda, se difunde
humildemente.
Esos días el sueño significa
dormir, más que soñar. En sus dominios
nunca hay que levantarse a medianoche
para limpiar las sábanas de arena,
porque no ha habido playa
ni combate. Mas sí serenidad
de otra manera,
como lo que perdura. Y no es inercia.
Ni llama. No hay herida,
y no ciega la espada el mensajero.
Últimamente pienso mucho en esto.
No sé si la he tenido. No recuerdo.
He encontrado dos líneas en que pido
una felicidad libre de euforia.
Y, si no la he tenido, me pregunto
por qué sé describir tan justamente
ese país en el que nunca he estado.
Juan Antonio González Iglesias
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