domingo, 14 de noviembre de 2010
Naturalmente
Un claro en las nubes.
El macizo perfil de las montañas azules
que recortan el horizonte.
El amarillo apagado de los rastrojos.
El río muy negro.
¿Qué estoy haciendo en este lugar,
solo y cargado de culpas?
Me pregunto.
Sigo comiendo las frambuesas de la fuente.
Sin hacerme problemas. Si estuviera muerto,
me recuerdo, no podría saborearlas.
Nada es tan simple.
Sí, todo es así de simple. Naturalmente.
Raymond Carver
Tú conmigo
Me preguntan quién es ese “Tú” que da nombre a este espacio. Pues simplemente eres tú, y tú, y tú, y tú…No concibo mis días sin tanta gente, sin ese contacto inequívoco que da sentido a la vida.
No concibo objetivos que no estén en función de vosotros. De los demás conmigo. De mí con los demás.Vosotros sois el material con el que se tejen mis sueños.
No concibo el paso por el mundo sin los ojos de alguien que me mira. Los ojos nunca están vacíos. Ojos de ternura, donde se mecen todos los sueños y todas las historias.
Necesito vuestros ojos, vuestras manos, vuestras palabras, vuestras sonrisas y vuestras lágrimas: el vértigo de vuestros corazones. Y la posibilidad de vuestra isla.
Aquí me tenéis, si eso cuenta.
Razón de vivir.
Monalisa
No concibo objetivos que no estén en función de vosotros. De los demás conmigo. De mí con los demás.Vosotros sois el material con el que se tejen mis sueños.
No concibo el paso por el mundo sin los ojos de alguien que me mira. Los ojos nunca están vacíos. Ojos de ternura, donde se mecen todos los sueños y todas las historias.
Necesito vuestros ojos, vuestras manos, vuestras palabras, vuestras sonrisas y vuestras lágrimas: el vértigo de vuestros corazones. Y la posibilidad de vuestra isla.
Aquí me tenéis, si eso cuenta.
Razón de vivir.
Monalisa
sábado, 13 de noviembre de 2010
Descubriendo a Carver
Felicidad
Tan temprano que casi está oscuro todavía.
Me acerco a la ventana con una taza de café
y el atasco de siempre a estas horas de la mañana
en la cabeza.
Veo entonces al chico y a su amigo
calle arriba
repartiendo el periódico.
Llevan gorras y sudaderas,
uno de ellos con una bolsa al hombro.
Son tan felices
que no se dicen nada, estos chicos.
Creo que si pudieran, se cogerían
del brazo.
Es temprano por la mañana
y están haciendo esto juntos.
Se acercan, despacio.
El cielo empieza a cubrirse de luz,
aunque todavía cuelga pálida la luna sobre el agua.
Tanta belleza que, durante un instante,
la muerte o la ambición, incluso el amor,
no tienen cabida aquí.
Felicidad. Llega
de forma inesperada. Y sigue su camino, realmente.
Cualquier madrugada te lo dice.
Raymond Carver
viernes, 12 de noviembre de 2010
VEN
MAYO
Déjame mirarte a los ojos.
Quiero saber cómo estás.
Fassbinder
Mira, ha entrado mayo,
Ha extendido su párpado azul sobre el puerto.
Ven, hace tiempo que no sé de ti,
Se te ve tembloroso, como esos gatitos que ahogamos siendo niños.
Ven, y hablaremos de las cosas de siempre,
Del valor que tiene ser amable,
De la necesidad de arreglárselas con las dudas,
De cómo llenar los huecos que tenemos dentro.
Ven, siente en tu rostro la mañana,
Cuando estamos tristes, todo nos parece oscuro;
Cuando estamos fuertes, el mundo se desmigaja.
Cada uno de nosotros guarda algo desconocido de las vidas ajenas,
Sea un secreto, un error o un gesto.
Ven y pondremos verdes a los vencedores,
Saltaremos desde el puente riéndonos de nosotros mismos.
Contemplaremos en silencio las grúas del puerto,
Porque estar juntos en silencio es
La mejor prueba de la amistad.
Vente conmigo, quiero cambiar de país,
Dejar este cuerpo mío a un lado
Y meterme contigo en una concha,
Con nuestra pequeñez, como los bígaros.
Ven, te espero,
Continuaremos la historia interrumpida hace un año,
Como si no tuvieran un círculo más
Los abedules blancos de la rivera.
Kirmen Uribe en “Mientras tanto cógeme la mano”
jueves, 11 de noviembre de 2010
(re) conocimiento
Ha muerto hoy, en Francia, el poeta Carlos Edmundo de Ory. Vaya como homenaje y conocimiento.
En un café
He vuelto ahora sin saber por qué
a estar triste más triste que un tintero
triste no soy o si lo soy no sé
la maldita razón porque no quiero
He vuelto ahora sin saber por qué
a estar triste en las calles de mi raza
He vuelto a estar más triste que un quinqué
más triste que una taza
Estoy sentado ahora en un café
y mi alma late late
de sed de no sé qué
tal vez de chocolate
No quiero esta tristeza medular
que nos da un golpe traidor en una tarde
Pide cerveza y basta de pensar
El cerebro está oscuro cuando arde.
Carlos Edmundo de Ory
En un café
He vuelto ahora sin saber por qué
a estar triste más triste que un tintero
triste no soy o si lo soy no sé
la maldita razón porque no quiero
He vuelto ahora sin saber por qué
a estar triste en las calles de mi raza
He vuelto a estar más triste que un quinqué
más triste que una taza
Estoy sentado ahora en un café
y mi alma late late
de sed de no sé qué
tal vez de chocolate
No quiero esta tristeza medular
que nos da un golpe traidor en una tarde
Pide cerveza y basta de pensar
El cerebro está oscuro cuando arde.
Carlos Edmundo de Ory
martes, 9 de noviembre de 2010
Palabras en los ojos
La poesía
siembra ojos en la página,
siembra palabras en los ojos.
Los ojos hablan,
las palabras miran,
las miradas piensan.
Oír
los pensamientos,
ver
lo que decimos,
tocar
el cuerpo de la idea.
Los ojos
se cierran,
las palabras se abren.
Octavio Paz
lunes, 8 de noviembre de 2010
No puedo elegir
Leer un poema depende, muchas veces, del estado de ánimo. Mañana tal vez nos sugiera otras cosas. Las claves están en el alma y los ojos del que lee, más que en quien los escribió. Y desde luego, nunca es literal.
Hoy por la mañana leí éste, y ahora le veo otros matices.
Hoy por la mañana leí éste, y ahora le veo otros matices.
NO PUEDO ELEGIR
No me des a elegir
entre el Mar y la Tierra.
Vivo feliz en la línea que las une.
En esta cinta negra que mueve el viento.
En este largo cabello de un gigante desorientado.
Del Mar me gusta sobre todo su corazón de niño grande.
A veces rabioso, a veces capaz de dibujar
paisajes imposibles.
De la Tierra sus manos.
No puedo elegir
entre el Mar y la Tierra.
Sé que mi lugar es un hilo fino,
pero en el Mar me perdería
y en la Tierra me ahogo.
No puedo elegir. Me quedo aquí.
Entre olas verdes y montañas azules.
Kirmen Uribe en “Mientras tanto cógeme la mano”
domingo, 7 de noviembre de 2010
viernes, 5 de noviembre de 2010
Perdida
Mi trabajo es sólo permanecer,
esperar ¿a qué? ¿a quién?
Debería estar acostumbrada
pero a veces suceden cosas
que, como mazos pesados,
caen sobre mi ánimo y me impiden
ver la luz por ésta, mi eterna ventana.
Como un ciclo inevitable
el tiempo da vueltas en redondo.
Caigo, me levanto lentamente,
alcanzo la cima más elevada,
bailo, canto, río, entusiasmo en mi estar.
Demasiado entusiasmo.
Y, entonces, empieza el declinar de nuevo.
A veces lentamente,
otras de repente, el mazazo súbito.
Y en cada declinar me pregunto
cuántas veces volverán.
Si pudiera girarme
caminaría hacia aquel horizonte
y me perdería más allá:
Donde las sombras.
¿qué verían así ustedes?
¿vendrían a visitarme?
Miren el paisaje.
Soy yo, estoy en él.
Monalisa
lunes, 1 de noviembre de 2010
CULTURA
Para tranquilidad de Enrique:
El diccionario de la RAE, entre otras entradas, define la palabra “cultura” en los siguientes términos:
-Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.
-Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.
Me alegra que lleve razón (aunque yo ya lo intuía) porque creo que el esfuerzo y la ilusión con que desarrolla su trabajo y profesión, merece reconocimiento, compensación y mucho más.
Bien refleja él en lo que escribe (ahora respaldado incluso por los académicos) que no podemos opinar libremente y con buen criterio si ignoramos un lado tan importante de la cultura.
También ternura en la Ciencia. ¿O no es un gesto de generosidad inmensa, dedicar toda una vida para investigar y trabajar por la calidad de vida de los demás (medicina, alimentos, medioambiente… )?
Y he llegado a la conclusión, gracias a Enrique, de que, efectivamente, no podré opinar de muchísimas cosas que desconozco, por esta cultura algo amputada, que he ido adquiriendo y que me gustaría ir completando. Y tantas cosas más que nos dan calidad de vida y, por tanto, justicia, equidad, libertad y más.
A ver si los incultos (entre los que, sin duda, me incluyo) vamos animándonos a aprender y entender que si “en el arte y el amor la ternura es lo que nos da fuerza” (O. Wilde), es más cierto aún que esa ternura aplicada a fines prácticos y altruistas, como es el caso de la ciencia, será mucho más efectiva y, por tanto, no se quedará en quién sabe qué esferas del sentir. Ternura práctica y aplicada. No puede haber nada más bello.
Como anécdota contaré que hace unos años, un amigo que ha trabajado durante toda su vida en la investigación médica y que se dedica a la cirugía cardiovascular, me regaló un libro, ya que me sabe apasionada de la lectura. Cuando me lo entregó, yo miré sus manos pulcras y cuidadísimas y le pregunté si había hecho algún trasplante de corazón, me dijo que muchos y que después de pocas horas iba a realizar otro más. Yo miré esas manos de amigo entrañable, hombre bueno y culto, y las imaginé ensangrentadas y con un corazón latiendo en ellas. Sentí un escalofrío y la necesidad de poner distancia entre ese sentimiento y yo. Fruto de mi incultura, evidentemente. Desde aquí mi reconocimiento para él y su labor. Al recordar sus manos ahora, en la distancia y con la perspectiva que nos brinda Enrique, veo también ese delicado afecto que conlleva la cultura. Ahora que mis ojos están más abiertos.
Gracias a todas las personas que trabajan por y para la Ciencia. Gracias, Enrique, por animarnos a aprender cosas nuevas. Eso sí que es altruismo. Y, sin duda, cultura (sin adjetivos).
Efectivamente, el adjetivo sobra. La cultura es así, como él dice, completa y redonda. Único vehículo para poder caminar por esta vida con dignidad. Y nosotros, cada uno, responsables de difundirla y proporcionarla, si podemos, para la igualdad y la libertad de todos. No le regañamos, en absoluto. Todo lo contrario, le debemos agradecimiento. Y cariño, mucho cariño ¿Por qué no?
El diccionario de la RAE, entre otras entradas, define la palabra “cultura” en los siguientes términos:
-Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.
-Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.
Me alegra que lleve razón (aunque yo ya lo intuía) porque creo que el esfuerzo y la ilusión con que desarrolla su trabajo y profesión, merece reconocimiento, compensación y mucho más.
Bien refleja él en lo que escribe (ahora respaldado incluso por los académicos) que no podemos opinar libremente y con buen criterio si ignoramos un lado tan importante de la cultura.
También ternura en la Ciencia. ¿O no es un gesto de generosidad inmensa, dedicar toda una vida para investigar y trabajar por la calidad de vida de los demás (medicina, alimentos, medioambiente… )?
Y he llegado a la conclusión, gracias a Enrique, de que, efectivamente, no podré opinar de muchísimas cosas que desconozco, por esta cultura algo amputada, que he ido adquiriendo y que me gustaría ir completando. Y tantas cosas más que nos dan calidad de vida y, por tanto, justicia, equidad, libertad y más.
A ver si los incultos (entre los que, sin duda, me incluyo) vamos animándonos a aprender y entender que si “en el arte y el amor la ternura es lo que nos da fuerza” (O. Wilde), es más cierto aún que esa ternura aplicada a fines prácticos y altruistas, como es el caso de la ciencia, será mucho más efectiva y, por tanto, no se quedará en quién sabe qué esferas del sentir. Ternura práctica y aplicada. No puede haber nada más bello.
Como anécdota contaré que hace unos años, un amigo que ha trabajado durante toda su vida en la investigación médica y que se dedica a la cirugía cardiovascular, me regaló un libro, ya que me sabe apasionada de la lectura. Cuando me lo entregó, yo miré sus manos pulcras y cuidadísimas y le pregunté si había hecho algún trasplante de corazón, me dijo que muchos y que después de pocas horas iba a realizar otro más. Yo miré esas manos de amigo entrañable, hombre bueno y culto, y las imaginé ensangrentadas y con un corazón latiendo en ellas. Sentí un escalofrío y la necesidad de poner distancia entre ese sentimiento y yo. Fruto de mi incultura, evidentemente. Desde aquí mi reconocimiento para él y su labor. Al recordar sus manos ahora, en la distancia y con la perspectiva que nos brinda Enrique, veo también ese delicado afecto que conlleva la cultura. Ahora que mis ojos están más abiertos.
Gracias a todas las personas que trabajan por y para la Ciencia. Gracias, Enrique, por animarnos a aprender cosas nuevas. Eso sí que es altruismo. Y, sin duda, cultura (sin adjetivos).
Efectivamente, el adjetivo sobra. La cultura es así, como él dice, completa y redonda. Único vehículo para poder caminar por esta vida con dignidad. Y nosotros, cada uno, responsables de difundirla y proporcionarla, si podemos, para la igualdad y la libertad de todos. No le regañamos, en absoluto. Todo lo contrario, le debemos agradecimiento. Y cariño, mucho cariño ¿Por qué no?
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