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miércoles, 29 de septiembre de 2010

Un soplo de vida (fragmento)




" Tengo miedo de escribir, es tan peligroso. Quien lo ha intentado, lo sabe. Peligro de revolver en lo oculto y el mundo no va a la deriva, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que colocarme en el vacío. "

Clarice Lispector

Aprendiendo a amar


Me estás enseñando a amar.
Yo no sabía.
Amar no es pedir, es dar,
noche tras día.
La Noche ama al Día, el claro
ama a la Oscura.
Qué amor tan perfecto y tan raro.
Tú mi ventura.
El Día a la Noche alza, besa
sólo un instante.
La Noche al Día -alba, promesa-
beso de amante.
Me estás enseñando a amar.
Yo no sabía.
Amar no es pedir, es dar.
Mi alma, vacía.

Gerardo Diego

lunes, 27 de septiembre de 2010

CUERPO DE DAFNE




 
¿Vale amor perseguido lo que amor que se ofrece?
¿Es sólo labio amado el de la boca esquiva?
¿Mueven más a deseo unos ojos que miren
los nuestros con ternura o esos otros que saben
prometer para luego mostrarse indiferentes?
Dafne huye de Apolo y sólo se le entrega
convertida en laurel.  No es carne lo que ciñe
este dios en su abrazo sino ramas y hojas
y un débil tronco oscuro que el mito hace perennes.

Nunca lo deseado se alcanza. O de alcanzarse,
al punto se trasforma y aquello que creíamos
amar se antoja ajeno. Abrazamos a Dafne.
Amor nunca logrado como una luz pervive
que sin quemar alumbra y siendo nada es todo.
Mientras que el poseído, tras brillar un instante,
magnífico en su fuego, en la larga cadena
de los días se traba y se cae derribado
por todo lo que es mínimo. Él que no debiera
estar sujeto nunca a corrupción o muerte.

Abelardo Linares en "Mitos"

viernes, 24 de septiembre de 2010

Él tuvo un sueño


"La mirada de un sueño"



Anoche tuve un sueño


Solía soñar, con cierta frecuencia, que volaba. En circunstancias diversas. Con sensaciones distintas cada vez. Hacía ya tiempo que no soñaba en pleno vuelo.
Ayer volví a soñarlo. Volaba en la oscuridad. Apenas podía divisar nada. La negrura me envolvía, espesa. Casi podía tocarla. Mi empeño era poder ver, desde mi altura en vuelo, la superficie de la tierra, sus preciosos paisajes, sus colores, y hasta quería sentir sus aromas. Pero sobre todo, quería sentir la vida desde allí arriba, desde las tinieblas de mi vuelo. Sin embargo estaba como aislada. No veía, no sentía nada.
De repente me envolvió una nube clara, como de niebla ligera, y me trajo algo de luz, escasa, pero empecé a percibir formas gradualmente. El cielo, por el que se supone que yo volaba seguía oscuro. Pero empecé a divisar, allá abajo, algunas montañas, lagos, paisajes. No los veía con claridad, era casi una intuición de que estaban allí. Llegué a darme cuenta de que un grueso cristal semiopaco separaba ambas esferas: la terrestre y la que yo transitaba. Por lo que mi visión era reducida.
Mi empeño era llegar a divisar, desde las alturas, a las personas. Me frotaba los ojos para ver si podía ver a alguien, pero no lo conseguí. Seguí volando sola, en completa oscuridad. Lágrimas.

Un par de noches antes me desperté envuelta en un espeso humo. No era un sueño. Alarma!

Monalisa

Burbujas de amor


Cuando éramos peces, no había timidez que nos detuviera a la hora de declararle amor a nuestra pretendida. Ella sólo podía ver burbujitas saliendo de nuestros labios.

Glub! Glub!

Leído en Minificcionario

lunes, 20 de septiembre de 2010

ARCANO





No sé cómo llegué hasta aquí
ni sé por cuánto he de quedarme.
Seguiré mirando, sin prisa,
sin aguardar palabra en las tardes.
Ir.
Bello otoño, con tu luz de cenizas doradas,
tu gris me cubre el alma y me hace temblar las ganas.

Fiel a mí misma, me quedo.

Si supiera callar al silencio que golpea la terca espera
la alegría sería volada por manos, flores, perlas
y hojas empaquetadas para que nunca digan nada.

Si al pasar me veis, decidme:
"¿dónde estás?" y si alguna vez respondo
no me preguntéis más.

Monalisa

jueves, 16 de septiembre de 2010

El breve amor





Con qué tersa dulzura
me levanta del lecho en que soñaba
profundas plantaciones perfumadas,

me pasea los dedos por la piel y me dibuja
en el espacio, en vilo, hasta que el beso
se posa curvo y recurrente

para que a fuego lento empiece
la danza cadenciosa de la hoguera
tejiéndonos en ráfagas, en hélices,
ir y venir de un huracán de humo -

(¿Por qué, después,
lo que queda de mí
es sólo un anegarse entre cenizas
sin un adiós, sin nada más que el gesto
de liberar las manos?)

Julio Cortázar